domingo, 29 de junio de 2025

La isla mas grande del mundo, GROENLANDIA

 


La isla más grande del mundo es Groenlandia. Y no, no vale Australia porque, aunque cumple a priori la premisa de estar completamente rodeada de mar, es también cierto que el continente australiano tiene su placa tectónica independiente, lo que convierte esa superficie terrestre en un continente. Groenlandia, sin embargo, pertenece a la placa tectónica norteamericana.

Groenlandia se encuentra entre el océano Ártico y el Atlántico y es desde el año 1979 un país independiente de Dinamarca. Una isla cuya superficie de hielo perpetuo ocupa, en la actualidad, el sesenta por ciento del territorio. Es también un lugar donde habitan unas sesenta mil personas.

Al comienzo de su historia, esta isla estaba habitada por los inuit; la traducción sería “ser humano”. Hombres y mujeres que llegaron desde Canadá, pero que antes, y por el estrecho de Bering, habían llegado desde la tundra ártica de la Siberia rusa. Esa migración fue posible por una glaciación, la llamada glaciación de Würm, que permitió el paso de aquellos hombres por el mar hasta las costas de Groenlandia.

Si alguien puede acercarnos el alma de los inuit, ese es Knud Rasmussen o, como lo llamaban, el hombre al que precedía su sonrisa. Cuando falleció en 1933, Dinamarca lloró a su último héroe. Él había sido arrancado de su tierra con doce años y llevado a Dinamarca para estudiar. Pero la lejanía de su tierra helada le causó pena y los estudios fueron un fracaso, repitiendo un curso tras otro. Su familia también viajaría con el tiempo a Dinamarca; fue por ello que, una vez acabado su periplo estudiantil, volver a su tierra se convirtió en algo imposible.

Fue en el año 1900 cuando consiguió trabajo en un periódico y emprendió su primera expedición; en aquella ocasión le esperaba Islandia. Después, en 1902 volvió a Groenlandia para investigar. En aquella expedición deberían estudiar el estado de las relaciones entre Dinamarca y Groenlandia, recopilar material antropológico y estudiar la propia sociedad en aquel lugar tan inhóspito. Aquella expedición en la que participó Knud Rasmussen le sirvió para acercar la cultura inuit al resto del mundo. En su libro Mitos y Leyendas, el autor nos acerca a un pueblo cuyas raíces sociales se adentran en el principio de los tiempos y donde nos acerca leyendas, fábulas, cuentos y la historia de un pueblo que habitaba la tierra de hielo. Os dejo el capítulo, “La aparición del hombre hace mucho, mucho tiempo”. (Ahora me parece que la película de Amanece, que no es poco, no es tan irreal).

(…) Nuestros antepasados hablaron pródigamente del origen del hombre y del de la Tierra hace mucho, mucho tiempo. Ellos no sabían conservar las palabras en líneas, como hacen los hombres blancos; las personas que vivieron antes que nosotros solamente contaban. Y contaban muchas cosas, tantas que hoy conocemos todas estas historias, que hemos oído narrar una y otra vez desde nuestra infancia. Las ancianas no hablan sin ton ni son y creemos sus palabras. En la vejez no hay mentiras. Hace mucho, mucho tiempo, cuando aún no existía la Tierra, cayó de lo alto tierra, montañas y piedras, de arriba, del cielo; así apareció la Tierra. Cuando apareció la Tierra, llegaron las personas. Cuentan que brotaron de ella. Unos niños muy pequeños surgieron de la tierra; salieron entre unos arbustos de sauce, cubiertos de follaje, y quedaron entre las ramas, pataleando con los ojos cerrados; ni gatear sabían. Su alimento lo sacaban de la tierra. Cuentan también de un hombre y de una mujer; pero… ¿Cómo? Es misterioso. ¿Cuándo estuvieron juntos? ¿Cuándo crecieron? No lo sé. El caso es que la mujer cosió ropa de niño y echó a andar. Encontró a los pequeños, los vistió y los llevó a su casa. Así fue como hubo muchos seres humanos. Cuando fueron numerosos, quisieron perros. Un hombre salió con una correa de perro en la mano y empezó a patear la tierra al grito de “¡Hoc!, ¡Hoc, hoc!». En ese instante, empezaron a salir perros de montículos de tierra corriendo a todo correr; y se sacudieron bien, porque estaban llenos de arena. Así fue como los hombres consiguieron perros. Pero los hombres se multiplicaron; cada vez había más. No conocían la muerte hace mucho, mucho tiempo, y vivían muchos años; tantos que al final no podían andar, se quedaban ciegos y tenían que tumbarse.

Tampoco conocían el sol, vivían en la oscuridad; el día jamás clareaba. Solamente había luz dentro de las casas; quemaban el agua en lámparas. En aquellos tiempos el agua ardía. Pero los hombres, que no sabían morir, empezaron a ser tantos que colmaron la tierra; entonces el mar lo arrasó todo. Muchos se ahogaron y su número se redujo. Podemos ver huellas de esta gran inundación en las cumbres más altas, donde no es raro hallar moluscos. Cuando ya había menos personas, dos ancianas empezaron a hablar de esta manera: —¡Qué importa no tener día si así tampoco tenemos muerte! —decía una; se ve que eso de morirse le daba miedo. —No —replicó la otra—, ¡queremos ambas cosas, la luz y la muerte! Y según pronunció esas palabras, así se hizo: llegó la luz y llegó la muerte. Cuentan que cuando murió el primer ser humano, cubrieron su cuerpo con piedras. Pero el muerto regresó; se ve que no sabía muy bien en qué consistía eso de morir. Asomó la cabeza y trató de subir, pero una anciana lo devolvió a su sitio de un empujón: —¡Ya llevamos mucho peso y nuestros trineos son muy pequeños! Se preparaban para ir de caza, de modo que el muerto tuvo que volver a su montón de piedras. Como los hombres ya tenían luz, podían salir a cazar y no tenían que seguir alimentándose de la tierra. Y con la muerte llegaron el sol, la luna y las estrellas. Pues cuando alguien muere, sube al cielo y empieza a brillar. Eso solían contar nuestros antepasados, que con sus relatos nos dieron sabiduría. (…) Narrado por Arnaaluk.

La Patagonia chilena

 


¿Me acompañas por un viaje que te llevará por lugares que nunca soñaste? 1240 kilómetros que nos acercarán a fiordos, a glaciares y volcanes, que nos deslumbrarán con inmensos lagos y ríos de aguas turquesas y cristalinas.

Han pasado más de 50 años desde aquel 11 de septiembre de 1973 cuando, en la radio chilena se pudo escuchar la ya famosa frase de “Llueve sobre Santiago”. Aquel día un golpe de Estado cambiaba el rumbo de Chile. El presidente Salvador Allende, elegido democráticamente, moría tras el asedio militar a la Casa de la Moneda por parte del ejército sublevado; Augusto Pinochet arrebata la voz al pueblo y se convertía en un presidente no elegido.

Es durante el régimen dictatorial que se construye la conocida como Carretera Austral. Y es que la Cordillera andina, naciendo o muriendo, según se mire, convierte esa parte de Chile en un paisaje indescriptible y hasta entonces intransitable por carretera. Antes de que existieran esos pocos más de 1200 km de carretera, Puerto Montt era el último lugar del Chile continental al que era posible llegar con vehículos.

La Pampa chilena nada tiene que ver con la planicie de la Pampa argentina. La Carretera Austral, a poco más de 50 kilómetros de su inicio, se encuentra con uno de los fiordos chilenos, lo que obliga a coger un transbordador si se quiere seguir ruta. Estaremos cruzando el fiordo de Reloncaví.

Para atravesar el fiordo es necesario embarcar en Caleta Arena para desembarcar media hora después en Caleta Puelche.

Antes habremos dejado a nuestra izquierda el Parque Nacional Alerce Andino, donde se puede disfrutar de unos de los bosques más antiguos del mundo. Aquí se pueden encontrar los últimos alerces milenarios del planeta, con entre 2.000 y 500 años. Durante muchos, muchos años, este árbol fue utilizado para la construcción de viviendas y de barcos y actualmente es una especie protegida. Este majestuoso árbol en su etapa adulta puede llegar a medir 50 metros; necesita que pasen quince años para crecer un centímetro.

Si quieres acampar en plena naturaleza y en el interior de este bosque, puedes hacerlo en el mirador de Correntoso, también en el Lago Sargazo.

Dejaremos atrás el Parque Nacional y llegaremos a un lugar donde los volcanes serán los encargados de imponer su silueta en el paisaje. Los volcanes Michinmahuida, Corcovado, Melimoyu y Chaitén. Este último mostró su furia al mundo en 2008 cuando despertó de su letargo; en el pueblo del mismo nombre aún se pueden encontrar calles destruidas tal la erupción.

Nos acercamos hasta el Parque Pumalín Douglas Tompinks, un parque de muy nueva creación pues fue en 2018 cuando esta zona de mas de 400.000 hectáreas quedó protegida. Anteriormente era un parque de aventuras privado. Quizás os suenen las marcas North Face y Esprit y es que Douglas Tompkins, el propietario de las famosas marcas, también había comprado las primeras 17.000 hectáreas de terreno en lo que hoy es el corazón del parque Pumalín. Este filántropo dejó los negocios y se centró en la conservación del territorio; su lema fue “vivir de los bosques sin talarlos”.

Murió Tompkins en el Lago General Carrera, a la edad de 72 años; murió en su Edén particular tras volcarse su kayak y sufrir una hipotermia.

Y nuestro camino sigue y, tras pasar la zona volcánica, aparecen los glaciares, poniendo un gorro blanco a las montañas que arropan a la Carretera Austral. Y uno en concreto es utilizado para hacer escalada; hablamos del ventisquero Colgante o Queulat, a medio camino entre Chaitén y Coyhaique. Quizás antes de visitar este impresionante glaciar te apetecerá visitar el Puyuhuapi, un pequeño pueblo costero situado a 400 kilómetros del que fue nuestro punto de partida de esta maravillosa carretera. El pueblo se aferra al fiordo que le brinda sus aguas para que descansen las barcas cuando no faenan.

La carretera sigue su curso aún de asfalto y se encuentra con Coyhaique, la más poblada y la última gran urbe que te encontrarás en tu camino al sur. Está situada en la confluencia de los ríos Coyhaique y Simpson, por tanto, un lugar de tierras fértiles rodeadas de bosques. Si recorres esta ciudad, llegarás a su Plaza de Armas de forma pentagonal y donde se celebra un importante mercado de artesanía. Busca también la Piedra del Indio cerca del río Simpson.

Una vez acaba el asfalto de la Carretera Austral, el camino sigue por pista que ya nos acompañará hasta donde la carretera muere, en Villa O’Higgins.

Ahora la carretera nos acercará a tesoros paisajísticos como el Parque Nacional de Cerro Castillo con uno de los senderos más espectaculares de la Patagonia, el circuito de las Horquetas. En este parque es posible acampar en unos quince lugares debidamente señalizados.

Y llegaremos a Puerto Murta junto al lago de los dos nombres, General Carrera/Buenos Aires, según si le pisas desde Argentina o Chile. Llamado el Océano de los Andes, este lago es el segundo más extenso de toda Sudamérica. Antes de que se impusieran las fronteras políticas, este inmenso lago era llamado Chelenko por el pueblo tehuelche.

En este lago no se puede dejar de visitar Puerto Río Tranquilo, cerca de frondosos bosques, glaciares y valles que se encajonan entre montañas. Y donde no hay que dejar de visitar Las Capillas de Mármol, también conocidas como las Catedrales de Mármol. Paredes del Chelenko esculpidas que hacen que sus formaciones en forma de columna parecieran que están para proteger aguas cristalinas como si fuesen capillas. Un lugar único para disfrutar enfocando con nuestras cámaras de fotos.

Y cómo no, debemos acercarnos al hielo patagónico; estamos en la región chilena de Aysén. Los hielos que durante miles de años han cubierto esta parte de Chile ahora se extienden por más de 4.000 metros cuadrados. Aquí podemos disfrutar del Ventisquero San Rafael.

Llegados a Puerto Río Tranquilo, la Carretera Austral se encajona entre la Cordillera Andina y las montañas del Campo de Hielo Sur.

Llegaremos a encontrarnos con el río Baker, que durante los primeros kilómetros desde que nace discurre en paralelo a la Carretera Austral. Sus aguas turquesas hacen que los amantes de la fotografía necesiten parar más de una vez el viaje para dejar constancia de la belleza del paisaje.

Y así se llega, tras un desvío de la Carretera Austral a Caleta Tortel, llamado también el pueblo de las pasarelas; un pueblo rodeado de fiordos e islas y donde no llegó un coche hasta el año 2003. Anteriormente, a este lugar se llegaba por aire o en barco. Caleta Tortel es un desvío de la Carretera Austral; existen otras dos posibilidades, una Puerto Yungay, durante décadas el final de esta carretera, y también Villa O’Higgins, el que actualmente es el destino final al que nos lleva la actual carretera.

Villa O’Higgins fue fundada en el año 1966 tras el conflicto del Lago del Desierto, en el que murió un carabinero. Fue entonces cuando Chile decidió que las pocas casas que allí había fuesen una ciudad; de esta forma se dejaba claro ante Argentina que aquel territorio era chileno. Un lugar situado entre montañas y rodeado de lagos y donde comienzan los hielos patagónicos del sur, una masa de hielo que solo es superada por la Antártida y por Groenlandia. Y se pueden contar por decenas sus glaciares; hasta 49 es posible contar en estos hielos ya repartidos entre Chile y Argentina. Casi 350 kilómetros de masa helada donde destacan el glaciar Perito Moreno y, por grande, el Pío XI, el mayor de todo el hemisferio sur, sin contar la Antártida.

Es hora de poner punto final a este viaje soñado y poner todas las ilusiones en realizarlo alguna vez.





Los vikingos y la piedra de Rök

 



La piedra de Rök es una enorme piedra granítica, de más de 2,5 metros de alto y mas de un metro bajo tierra, está situada junto al lago Vätten, en la comuna de Ödeshög, junto a la iglesia de Rök, en el sur de Suecia.

Sus cinco lados muestran mas de 700 “runas” perfectamente legibles y la inscripción nos contaría el sentimiento de dolor y angustia al que se enfrentó Teodorico el Grande, rey de los ostrogodos, cuando muere su hijo; a ese dolor se añade el temor a una nueva crisis climática similar a la catástrofe ocurrida después del año 536 a.C

También se intentaría transmitir, según los investigadores, el conflicto entre la luz y la oscuridad, el calor y el frio, la vida y la muerte.

Según los últimos estudios de los arqueólogos, antes de escribir sobre la célebre piedra sucedieron acontecimientos nada normales, como lo fue una tormenta solar tremenda, que tiñó el cielo de tonalidades rojas.

Las cosechas, debido a una temperatura extremadamente frías en verano, fueron casi inexistentes lo que provoco una gran hambruna.

Y por último se produjo un eclipse solar, poco antes de que amaneciera.

Todo ello, según la mitología nórdica, era un “Fimbulvetr” y se traduce en el inmenso invierno que dura tres años.

Entre las mas de 280 inscripciones rúnicas de su parte frontal y las 450 de la parte posterior se pueden leer hasta nueve acertijos y el astro rey es la respuesta a cinco de ellos.

¿Pudiera ser, tal como dicen algunos expertos, que los vikingos dejaran escrito en la piedra de Rök las consecuencias de un segundo cambio climático?

¿Que el texto escrito en rúnico en el siglo IX, por cierto el mas largo que se conserva en esa lengua, fuese una advertencia a navegantes?

Lo cierto es que para el pueblo vikingo el sol era importante y gracias a él fueron unos navegantes excepcionales. Ellos usaron lo que se ha dado en llamar familiarmente la brújula vikinga; una piedra solar que les permitía orientarse en días de niebla e incluso por la noche. Según las últimas investigaciones esas piedras solares las pudieron compaginar con algún otro artilugio como el llamado disco de Uunartoq, una mitad de este se descubrió en Groenlandia a mediados del siglo XX.

La cultura vikinga estuvo ligada al Sol y como es devorado por la luna, tal y como dice una leyenda vikinga:

Arvak y Alsvid tiraban del carro donde viajaba la diosa Sól, ella cabalgaba todos los días por el cielo, su melena y las crines de sus caballos emitían la luz y el calor del día.

Mientras Sól surcaba los cielos era perseguida por un lobo llamado Sköll, al cazarla era reemplazada por su hermano Máni, el dios luna. Hasta que otro lobo llamado Hati, perseguía a Sköll y lo cazaba Haiti, era así otra vez remplazado por Sól y comenzaba el nuevo día.

Por cierto una curiosidad, para los nórdicos Luna/Máni era masculino y Sol/Sköl femenino.





Las gafas de sol, un invento de hace mil años

 


El uso de las gafas de sol está a la orden del día; todos saben lo perjudicial que son los rayos del sol para nuestros ojos, sobre todo cuando se va a estaciones de esquí.

Y de ese perjuicio sabían mucho los esquimales que vivían en tierras cubiertas de nieve allá por el año 1.000. En aquellos momentos inventaron unas gafas que no eran de cristal; estaban fabricadas en huesos tallados y abriendo en ellos una estrecha ranura por donde mirar; de esa forma se atenuaba la cegadora luz del sol reflejándose sobre la nieve.

Ya en el siglo XII en China se extendió el uso de unos cristales ahumados que permitían esconder la mirada, pero no de los rayos del sol. En aquel siglo, el uso de estas primeras gafas de sol, fabricadas con cuarzo ahumado, estaba ligado a los jueces durante los procesos judiciales. Al tapar los ojos, escondían cualquier indicio que pudiese escapar con la expresión de la mirada y que desvelara un veredicto antes de ser promulgado.

En el siglo XV, llegaron a China, procedentes de Italia, las que podemos considerar las primeras gafas de sol graduadas y su uso seguía restringido al mundo de los jueces.

Por cierto, en la actualidad el uso de las gafas de sol también va ligado a los juicios; ¿quién no ha visto salir a un famoso, después de ser juzgado en un juicio, con sus gafas de sol como escudo?

Tenemos que remontarnos a la segunda mitad del XVIII; es entonces cuando el uso de gafas tintadas se extiende en Occidente. Los primeros colores con los que se tintaron las gafas fueron el azul y el verde y fue James Ayscough quien pensó que de esa forma se podían corregir problemas visuales. Por tanto, aquellas primeras gafas de color no tenían el fin de evitar los rayos solares.

Cuando su uso se extendió aún más, ya a finales del siglo XIX y primeros años del siglo pasado, lo hizo como una herramienta de ayuda “médica” a las personas que padecían sífilis. Esos enfermos tienen sensibilidad a la luz y el uso de unas gafas con cristales oscuros estaba recomendado para esos enfermos. Por cierto, durante siglos se consideró que fue Colón y su tripulación quienes trajeron de las Américas la sífilis y después esta se extendería a toda Europa. Actualmente, esa sucesión de acontecimientos está en entredicho por alguna parte de la comunidad médica.

Con los locos años veinte, el uso de la gafa de sol se extendió entre famosos y personas ricas; el precio de este tipo de lentes era prohibitivo para el resto de la población. Hasta que en el año 1929 Foster Grant Company comenzó con la fabricación y distribución de las gafas de sol, haciendo que su precio comenzase a ser asequible para las clases medias norteamericanas y europeas.

En 1933, los aviadores comenzaron a usar gafas de sol para evitar deslumbramientos en los vuelos; aquellas primeras gafas de sol se fabricaron en Estados Unidos por Bausch & Lomb y pronto su uso se extendió en el ejército norteamericano.

¿Quién no asocia las famosas gafas Ray-Ban a los aviadores de la Segunda Guerra Mundial? Desde 1937, el uso de estas gafas se extendió al público en general y traspasó las barreras del propio ejército y del país.

Después ya todos sabemos: gafas de sol como artículo de distinción, para hacer deporte, para disimular las ojeras de una noche movida y gafas de sol para esconderse.









España tambien tuvo una reina Isabel II

 


Isabel II, la reina que apodaban la reina castiza y también, y tal como la llamó Benito Pérez Galdós, “la de los tristes destinos”, fue una niña-reina. En 1833, con solo tres años, sube al trono, en él se mantendría hasta el año 1868 cuando triunfa la llamada Revolución Gloriosa que la obliga al exilio en Francia. Hija de Fernando VII y de su sobrina carnal, que sería su cuarta esposa, María Cristina de Borbón Dos Sicilias. Cuando nació Isabel, que reinaría como Isabel II, la frase más escuchada en palacio era: "Nació el heredero, pero es mujer".



Hasta el nacimiento de la princesa Carlos María Isidro, ya se veía rey al no haber tenido Fernando VII descendencia con sus tres mujeres anteriores. Él y sus partidarios ponen en entredicho los derechos de sucesión de Isabel II, y se cuestiona su subida al trono por ser mujer. Sin embargo, su padre Fernando VII se había adelantado y unos meses antes del nacimiento, y ante la posibilidad de que fuese niña, había publicado la Pragmática Sanción. Ley que ya redactó en 1789 Carlos IV para dejar sin efecto la ley sálica que impedía el reinado de las mujeres. Así fue como Isabel II, al morir su padre, es entronizada siendo una niña de tan solo 3 años; comienza el tiempo denominado de las Regencias.

Primero es su madre la que ocupa la regencia durante los primeros 7 años y hasta 1840. Es este un periodo convulso; se inicia la primera guerra carlista. También se promulga la Constitución de 1837, y se produce la famosa desamortización de Mendizábal, que suprimía las órdenes religiosas y nacionalizaba sus bienes, saliendo muchos de ellos a la venta en pública subasta.

Pero la madre de Isabel II no está sola en este periodo de Regencia; a los tres meses de haberse quedado viuda, el 28 de diciembre de 1833, contrajo matrimonio morganático y en secreto con Agustín Fernando Muñoz, un sargento de su Guardia de Corps. De esta relación se dice que fue iniciada incluso antes de morir el rey. Fruto de aquel “matrimonio secreto” nacieron cinco hijos en los 7 años que duró la regencia, embarazos que ocultaba bajo anchos vestidos. Aun así, los embarazos no quedaban escondidos y de ella se decía, y no solo en la Corte:

La Regente es una dama casada en secreto y embarazada en público”.

Lo cierto es que los negocios del matrimonio hicieron dejar de lado los cuidados de una niña-reina. Pero aquellos negocios serán de otro domingo con historia. En cuanto a la Segunda Regencia, dura solo 3 años, de 1840 a 1843, y fue bajo el general Baldomero Espartero.



La mayoría de edad se adelanta en el caso de Isabel II; con solo trece años se acaban los periodos de regencia y aquella niña pasa a ser la reina, sin preparación para el cargo y tampoco ninguna preparación académica. En conversaciones con Benito Pérez Galdós, le confesó años más tarde que:

“¿Qué había de hacer yo, jovencilla, reina a los catorce años, sin ningún freno a mi voluntad, con todo el dinero a mano para mis antojos y para darme el gusto de favorecer a los necesitados, no viendo al lado mío más que personas que se doblaban como cañas, ni oyendo más que voces de adulación que me aturdían? ¿Qué había de hacer yo?”



En este punto podría seguir con la política de su reinado hasta su exilio en Francia en 1868; allí primero se instaló en Pau, aunque también adquirió en París el pequeño palacio conocido como Basilewski. Finalmente, abdica en su hijo, que reinaría como Alfonso XII. Por cierto, tuvo que pasar una pensión a su marido durante años. Pero vamos a hablar de su vida más privada, pero muy pública.



La reina se casó a los dieciséis años; todos los consejeros la empujaban al matrimonio por una cuestión de Estado. Según escribió Fernando Díaz Plaja, “Isabel II no llegó virgen al matrimonio. Salustiano Olózaga, fornido garañón, se había encargado de desflorarla y de iniciarla en las lides del amor”. Olózaga, que fue tutor de la reina y que también pasara a la historia por ser el presidente que estuvo nueve días en el cargo, entre el 20 y el 29 de noviembre de 1843. Se dice que lo que sucedió fue un golpe de Estado encubierto por el que los moderados se hicieron con el poder.

Pero vamos al matrimonio de Isabel II.

La frase célebre: ¡Con Paquito NO! Se atribuye a la reina Isabel cuando le dijeron el nombre de la persona elegida como marido, su primo carnal, por partida doble, Francisco de Asís de Borbón Dos-Sicilias. Y es que la homosexualidad de Francisco era conocida por todos, por eso existen historiadores que cambian la frase dicha por la reina, aclarando que dijo: ¡Con Paquita NO!

La primera noche de bodas la pasaron en el Palacio de la Moncloa y se cuenta que su ayudante de cámara, Amparo de Azagra, aquella noche desnuda a la reina y le ayuda a ponerse un camisón bordado para la ocasión, una ocasión que se retrasó. El motivo del retraso es que el novio no terminaba de entrar en la alcoba nupcial; cuando por fin lo hizo, se dice que Isabel exclamó:

“¡Pero Paco, si llevas más puntillas que yo!”.

El asombro de la reina y del propio séquito fue mayúsculo un día después, cuando se desplazaron al palacio de la Granja de San Ildefonso, donde disfrutarían de su luna de miel, y es que el novio llevaba un ajuar que ocupaba varias arcas. Arcas y baúles que guardaban prendas interiores de encaje, ropas de última moda, sábanas de seda… Pasaron los días y la pareja no volvió a tener ninguna otra relación, tampoco en los años siguientes. Fue un matrimonio de conveniencia que duró años. Y aunque ambos cónyuges vivían juntos, dormían por separado. Isabel II parió doce hijos mientras estuvo casada con Francisco; de ellos solo sobrevivieron cinco.

En el Madrid de aquella época se podían escuchar las coplillas que le cantaban a la pareja:

“Paquito Natillas, es de pasta flora y mea en cuclillas como las señoras”. “Isabelona tan frescachona y don Paquito tan mariquito".



Y si se decía de Francisco de Asís que mantenía relaciones íntimas con Antonio Ramos Meneses, de Isabel II se relataba el nombre de sus múltiples amantes, muchos de ellos responsables de los embarazos “reales”. Los hijos paridos por la reina, al nacer, eran reconocidos por el propio rey, que a cambio recibía una cuantiosa cantidad de dinero, miles y miles de reales por cada hijo. Queda el consuelo de que el rey consorte fue un gran mecenas y entre sus obras está, por ejemplo, la rehabilitación del Palacio de Los Jerónimos.



Por citar algunos de los amantes que dicen que tuvo Isabel II, diremos que el primero fue el general Serrano, sí, sí, el de la calle madrileña. Veinte años mayor que la reina, se convirtió en su favorito y tal relación le fue de gran ayuda para llegar al cargo de ministro de la Guerra. Por cierto, un general al que la reina llamaba “el general bonito” y que, pasados los años, no dudó en encabezar el levantamiento contra la reina en la Revolución de la Gloriosa, también llamada la Septembrina. Una sublevación militar que supuso el destronamiento y exilio de los reyes.

Otros de sus amantes fueron Emilio Arrieta, el famoso compositor; Carlos Marfori, el marqués de Bedmar; el comandante José Ruiz de Arana. A este último se le atribuye la paternidad de Isabel de Borbón, aunque Francisco de Asís la reconociera como hija suya; incluso se la conocía popularmente como “La Araneja”.

Y por cierto, el día de su tradicional presentación en la madrileña Basílica de Atocha, la Reina Isabel fue apuñalada por el cura Merino, que murió ajusticiado cinco días después. No confundir a este cura con el famoso guerrillero de la Guerra de la Independencia, también llamado Cura Merino, cuyos restos descansan en el centro de una plaza de Lerma.

La pequeña Isabel, la araneja que sería conocida popularmente como La Chata, pasó a ser Princesa de Asturias, título que en ella fue como el Guadiana; tan pronto estaba como desaparecía al nacer un hermano varón. Fue el caso cuando nació su hermano en 1857, del que se cree que el padre fue el militar Puig Moltó.

Isabel II tuvo otros amantes como el escritor Miguel Tenorio de Castilla y otros muchos desconocidos.

Lo cierto es que algo que los reyes, a lo largo de la historia, han realizado de forma continua, como es el tener amantes, en el caso de Isabel II llevó a que se le pusiera el sobrenombre de ninfómana.

En fin… Finalmente, Isabel murió en el exilio en 1904.




domingo, 22 de junio de 2025

De Versalles al Madrid de Carlos III

 


El Palacio de las 2.000 ventanas, así era conocido el palacio de Versalles, que por cierto se construyó en una zona pantanosa; no he logrado saber muy bien cuál fue la idea que les llevó a situar allí lo que sería la residencia real de la monarquía francesa.

Se ha calculado que en los siglos XVII y XVIII vivían en ese palacio más de 20.000 personas, entre la Familia Real, la nobleza que formaba parte de la Corte y trabajadores. Lo cierto es que no había posibilidad de que hubiese lugares destinados a retretes para toda la gente que allí vivía. Era habitual que se pidiera a algún sirviente que trajese un recipiente para tareas de alivio.

Pero claro, en la Corte había gente de paso, comerciantes, aristócratas de visita e incluso algunos mendigos. Todos ellos o bien no tenían acceso en el momento oportuno a usar un excusado, o directamente les estaba prohibido usar determinadas estancias. En conclusión, un pis en una esquina un tanto apartada era lo menos malo, que si era necesario hacer lo que algunos llaman “aguas mayores”, también se buscaba un lugar escondido, tras un cortinaje de pesadas cretonas o tras una mesa que poco se usase en ese momento. Si el aristócrata o comerciante en cuestión llamaba al servicio y no acudía nadie con el retrete a tiempo, siempre habría alguna estancia donde esconderse para menesteres tan necesarios; si luego los tapices cogían olor, eso ya era otra cosa.

En Memorias de Luis XIV, cuenta Saint-Simon que una noble francesa acostumbraba a mear según caminaba; era la princesa d'Harcourt, que venía haciendo lo mismo que los perros de la reina María Antonieta. Aquellos perros chatos, de raza carlinos, tenían permiso para cagar y mear a su voluntad por cualquier lugar del palacio.

Por cierto, ya hice un articulo, hablando de las pelucas que usaban en las cortes europeas; muchas veces tenían como función tapar las cabezas calvas que eran afeitadas para que no se alojaran piojos. En concreto, para colocar y trabajar los rizos de la peluca de María Antonieta, los peluqueros debían subirse literalmente a escaleras.

Volviendo a lo que hoy nos ocupa, hasta Voltaire dijo que se había alojado en Versalles en un agujero con olor a mierda. Y no fue el único que habló del olor de Versalles; el británico Horace Walpole dijo del palacio que era un “gran pozo negro”.

Claro que, como en todas partes cuecen habas, a mediados del siglo XVIII el viajero italiano Beretti escribió que Madrid era la “cloaca máxima, pues paseando por sus calles se está como en una letrina”.

Los madrileños de aquel siglo y de algunos siglos anteriores creían que el aire de Madrid que llegaba de la sierra era tan puro que el olor a excrementos no lo enturbiaba. Había entonces una frase que decía:

“El aire de Madrid es tan sutil que mata a hombre y no apaga un candil”.

Por aquel entonces, en la capital del Reino había solo dos sumideros; uno se encontraba en la Calle Leganitos y el otro en lo que ahora es la Plaza de Isabel II, conocida por los madrileños por Ópera. Toda la mierda y líquido que se limpiaba con agua iba a terminar en aquellos dos pozos. Es Carlos III el que, al llegar a Madrid, llama al marqués de Esquilache para que se encargue de hacer de Madrid una ciudad menos insalubre. Así es como llega a la capital el ingeniero italiano Sabatini, a quien se le nombra Director del ramo de Policía de la Limpieza de Pozos. Quiso el Rey-Alcalde acabar con la temida frase de “AGUA VA”. Frase que avisaba, a veces, con cierto retraso que te podía caer sobre la cabeza la mierda de toda una familia.

Dos ejemplos, uno palaciego, otro de ciudadanos de a pie, pero aliviarse era necesario para unos y para otros. Los primeros usaban perfumes caros para mitigar el olor a orines y excrementos, convirtiendo el palacio de las 2.000 ventanas en un lugar donde taparse la nariz era muy necesario. Pero que aun con disimulo, oler se olía.

Los segundos, dejando caer la mierda a la vía pública que ya llovería.







La libreria más antigua del mundo

 


El 11 de noviembre es el Día de las Librerías, esos maravillosos lugares donde se concentran millones de historias: El sueño de un niño pobre; la alegría al creer encontrado el amor de por vida; la angustia por el asesinato de un inocente; la importancia de los átomos; el descubrimiento de esa aldea perdida en África…

Es día para admirar la librería Bertrand en Lisboa, la más antigua del mundo, en funcionamiento. Se inauguró en 1712. En el año 1755 tuvo que cambiar de lugar tras el terrible terremoto que asoló la capital portuguesa.

Y si volvemos la vista a nuestro país, la librería más antigua de España en activo está en Burgos. Su actual emplazamiento, en la Plaza de España, no fue el primitivo. Por el año de su inauguración, allá por el 1860, se localizaba en la calle Laín Calvo.

Ahora, según escribo, recuerdo la Cuesta del Moyano donde, de muy niña, acudía con mi padre alguna mañana de domingo; en sus casetas de madera se puede visitar una feria permanente del libro que teníamos la suerte de tener en Madrid. Ya mayor, también hacía escapadas con mis hijos. Aun hoy vuelvo a recorrer la cuesta, parándome en casetas y junto a mesas en la acera, buscando entre tantos títulos uno que despierte mi curiosidad lectora.

También recuerdo cuando mi padre me decía: "Esta librería la abrió un nieto de Pérez Galdós, por eso se llama como el escritor". Y pasábamos un gran rato en la calle Hortaleza, ya muy cerca de la Gran Vía, donde estaba situado este lugar. Allí, con los ahorros de mi paga semanal, compraba algún libro, o tras un poco de zalamería, conseguía que mi padre me regalase algún volumen que mis pocos ahorros no podían comprar.

Meriendas campestres

 



Concierto campestre”, del pintor renacentista Tiziano, año 1509. En ese cuadro, el pintor nos muestra a una mujer desnuda vertiendo con una jarra agua en un recipiente; otra mujer, también desnuda, toca la flauta. Junto a ellas, dos hombres vestidos, uno tocando un instrumento de cuerda y el otro mirando al primero; los cuatro en un bosque, pasando una tarde en el campo.

Francisco de Goya pintó, allá por el año 1786, el cuadro titulado "Merienda campestre", que se puede admirar en la National Gallery de Londres. En él se puede ver un mantel con los restos de una merienda. ¡Vamos a una acampada en toda regla!

El impresionista Édouard Manet pintó en 1863 “Almuerzo sobre la hierba”. Lo podéis admirar en el Museo d'Orsay de París. En la escena pictórica se ve una figura femenina completamente desnuda, merendando en un bosque con total tranquilidad con dos hombres completamente vestidos.

El norteamericano Thomas Cole pintó en 1846 el también llamado “Merienda campestre”. También Florine Stettheimer pintó en 1918 otra obra que recibía el mismo nombre, Merienda campestre”; esta última se encuentra en la Academia de Artes de Filadelfia.

Quizás los pintores, durante todos estos siglos, han querido retransmitirnos la escena de gentes disfrutando al aire libre de selectos manjares, en algunos casos, otras veces compartiendo viandas propiamente campestres. Todo ello configurando un bodegón de naturaleza y gentes disfrutando del entorno.

Cuando yo era joven existía una publicación con las áreas recreativas de ICONA en todo el territorio de nuestro país. Decir ICONA es nombrar al antiguo Instituto para la Conservación de la Naturaleza. Un organismo que tenia como función la conservación y el estudio de la naturaleza. Fue en 1991 cuando desaparece este órgano gestor y es sustituido por la Dirección General de Conservación de la Naturaleza. Son entonces las distintas CCAA las que toman el control de los lugares naturales de sus territorios.

Las áreas recreativas de Icona, disponían de mesas y bancos, en muchas ocasiones también fuentes y, a veces, merenderos abiertos en temporada estival. Normalmente, estas instalaciones estaban situadas en lugares pintorescos y eran muchos los pueblos que veían como los fines de semana su población se incrementaba notablemente por familias que llegaban a pasar un día de campo. Este tipo de salidas campestres se popularizó aún más con, los primeros vehículos utilitarios que posibilitaban a las clases medias emergentes llegar al medio rural escapar de las entonces grises ciudades.

Con el llamado progreso, España ha tenido un ritmo distinto para determinados actos cotidianos y se ha tendido al encorsetamiento de esas actitudes de disfrute de la naturaleza, como si los que fuesen a embalses, ríos o montes a pasar un día de campo no tuviesen dinero para acudir a un restaurante, se les consideraba de forma peyorativa “domingueros”.

En este nuestro país hace mucho que la tartera se asoció a las clases más populares, de bajos recursos. Sin embargo, es muy normal en países de nuestro entorno, algunos con gran diferencia a su favor en renta per cápita, llevarse la comida de casa, está bien visto pasear la tartera. Raro es el ingeniero o el arquitecto que no come de su tartera en los países escandinavos. En España, el ir a comer al bar era un signo de que el trabajador tenía cierta holgura económica, quedando en las fábricas y comiendo “de tartera” el menos acomodado.

Lo mismo pasó en este país cuando comenzaron los primeros viajes de vacaciones en coche particular. La falta de infraestructuras tipo areas recreativas de carretera hizo que parar a tomar un café o tomar una comida fuese algo cotidiano. Ccuando alguien llevaba la merienda para comer en el camino, poco más que se decía, “para eso yo no me quedo en mi casa”.

Desaparecieron también los merenderos, donde la única exigencia, si es que había alguna, era consumir la bebida del bar que lo regentaba.

En definitiva, se asoció el gasto en restaurantes y bares con la calidad, dejando por tanto relegado el uso de espacios públicos para el descanso y el avituallamiento durante el viaje. Actualmente parar en una autopista fuera de las estaciones de servicio es una odisea: papeleras a rebosar, suciedad y en un pais como el nuestro, a veces, ni un árbol.

Quien ha viajado al extranjero en su autocaravana o vehículo particular, habrá notado cómo, a partir de las doce del mediodía, los distintos lugares destinados a lo que los franceses denominan pique-nique (merienda campestre) se llenan prácticamente al completo. No habiendo mesas y bancos para todos los que estacionan, es lo más lógico que del maletero de coches o garajes de autocaravanas se saquen mesas y sillas para disfrutar de la comida. Como lógico es ver hacer lo mismo a la puesta del sol, no solo en zonas de merenderos, también en entornos naturales como una playa. Los ciudadanos llegan hasta allí para disfrutar de una puesta del sol, o para cenar junto al mar mientras se ve regresar a los barcos de faenar. Por no hablar de países como Noruega, un país amigable con el viajero que dispone de infinidad de lugares para estacionar y disfrutar del entorno, de la naturaleza.

¿Qué ha pasado en nuestro país, para que tengas que conducir durante kilómetros y más kilómetros sin que dispongas de un área descanso donde poder parar a comer tu comida?

¿Qué ha pasado en este país para que en nuestros viajes por carretera solo podamos estacionar en gasolineras sin ningún tipo de lugares destinados a merendero?

¿Qué ha pasado en nuestro país para que una silla al aire libre cree tantos recelos e incluso se considere que uno está acampado? Y los más importante que se acepte por la mayoría sin rechistar.

¿Es quizás que quienes legislan nunca salieron de la piel de toro?

¿La incultura viajera tomó como asalto el ministerio encargado de legislar sobre el descanso en carretera?

Lugares junto a ermitas, a ríos o a la sombra de una modesta chopera; a esos lugares llegaban los viajeros y extendían el mantel a cuadros y sacaban el termo y la tartera. Ahora, si no comes en un restaurante de carretera, eres un turista de tercera. En fin…





La brevedad de una guerra

 


Fue un 27 de agosto de 1896 cuando las fuerzas británicas se enfrentaron a las del sultanato de Zanzíbar; ese enfrentamiento, que no sé si debe llamarse guerra, solo duró 38 minutos desde su comienzo hasta su fin. A eso llamo yo ser eficaz y resolutivo en un conflicto, aunque las formas no fueron nada pacíficas.

Zanzíbar, ahora territorio autónomo de Tanzania, cuando era colonia británica, esta ordenó al sultán Sayyid Khalid Bin Barghash al-Basaid que abdicara y este se negó.

Y claro, se armó. Porque este sultán se declaró rey cuando falleció su primo Hamad ibn Thuwaini, una muerte que fue un poco, digamos que sospechosa.

El poder británico le dio un ultimátum para que dejase un trono que no le correspondía (según ellos). Y una vez cumplido el plazo, comenzó el bombardeo de los ingleses; ello supuso la muerte de 500 súbditos del sultán contra un herido británico. Y se dio por zanjado el conflicto, los números no engañan 500 a 1.


















La bicicleta, un día llamada la Máquina corredora

 


En abril de 2017 se cumplieron doscientos años desde la primera bicicleta. Se la llamó "máquina corredora". Ahora, cuando vemos alguna etapa de ciclismo, ya sea en pista, clásicas o carreras de 21 días como el Tour, el Giro o la Vuelta, vemos que las bicicletas que hoy usan los corredores nada tienen que ver con aquellas primeras bicicletas.

La máquina corredora o velocípedo, como fue denominado por la prensa de la época, la inventó el barón alemán Karl von Drais; era toda de madera y era necesario impulsarse con los pies. Es en el año 1839 que se inventa la primera bicicleta a pedales. Fue fruto del trabajo de un herrero escocés, Kirkpatrick MacMillan. Los ingleses dicen que la primera fabricación de bicicleta fue fruto del trabajo de fabricación del inglés Thomas McCall en 1869. A esos modelos de bicicletas de los años 60 del siglo XIX se les llamó bone shaker. Podemos traducir como “agitahuesos” y sería una denominación muy correcta, teniendo en cuenta las calles empedradas de Londres. Es en el año 1870 cuando se fabrica la primera bicicleta totalmente construida en metal, llegando a velocidades de 40 kilómetros por hora.

Y no penséis que las bicicletas plegables son ideas modernas, ¡nada de eso!
En EE. UU. se patenta la primera bicicleta plegable en el año 1889 y es, prácticamente, desde ese año que las bicicletas se comienzan a fabricar a gran escala. Es por esa época que la bicicleta gana popularidad entre las mujeres y se las llega a asociar con el movimiento sufragista.
Ya en los años veinte del pasado siglo  los fabricantes comienzan a fabricar bicicletas para el público infantil. Hasta se popularizaron algunas bicicletas con sidecar.

Y tenemos que volver al siglo XIX, a un 31 de mayo de 1868, cuando en París se celebró la primera carrera de bicicletas documentada del mundo. La distancia fue  de 1.200 metros. Si vais al parque Saint Cloud de París, podréis haceros una foto junto a la placa conmemorativa. Un año después vendría la primera Clásica entre París y Rouen; el ganador tardó más de diez horas y fue el ciclista James Moore, el mismo que había ganado en París.


Fue en 1885 que se inventó la cadena; cinco años después, los neumáticos con cámara. Es entonces cuando las distancias en las carreras se multiplican. Tampoco es que hicieran etapas como las de estos últimos años en las grandes vueltas, donde se pueden superar  con facilidad 200 kilómetros. A mi juicio, ¡una barbaridad!

En 1887 se inició en la ciudad norteamericana de San Francisco la primera vuelta al mundo. Su protagonista, Thomas Stevens, regresó a la ciudad de partida tras tres años de pedalear por el mundo.

Después vendrían las clásicas; la primera fue entre Burdeos y París.
También la promulgación del ciclismo como deporte olímpico en 1896.

En el año 1909 se disputa la primera prueba de varios días consecutivos, seis en total, en la ciudad alemana de Berlín. Eso sí, fue a relevos.

Y el primer Tour se corrió el 19 de julio de 1903; lo ganó un deshollinador. Fue un recorrido de 2428 kilómetros, duró diecinueve días y en total fueron 6 etapas. Y si hablamos de la más grande carrera de 21 días, hay que recordar a nuestros campeones en esa carrera: En el año 1954 gana el español Bahamontes el premio a la montaña en el Tour y en el 1959 queda primero de la general. El que llamaron el Relojero de Ávila, aunque nunca ganó ningún Tour, sí ganó varias etapas en tres años: 1965, 1966 y 1967. En los años setenta, Ocaña tuvo la mala suerte de coincidir en el tiempo con el campeón Eddy Merckx; aun así, en el 1973 ganó la ronda gala. 1988: Perico Delgado se pasea por los Campos Elíseos como campeón del Tour; ya en el 1987 no lo ganó por cuarenta segundos. Miguel Indurain, a algunos les llamaban “el extraterrestre”, ganó cinco Tours de forma consecutiva. Óscar Pereiro, tras una gran escapada en el Tour de 2006, no logró imponerse, pero la descalificación por dopaje del primero le dio a él el título. Carlos Sastre también se subió al podio de París, tras ganar la vuelta gala en 2008. Alberto Contador se proclamó campeón del Tour en varias ocasiones. Y como amante del ciclismo, tengo que nombrar a Valverde; nunca ha ganado un Tour, aunque sí ha sido campeón del mundo y, para mí, es el mejor.




El dodo, Gerald Durrell y resto de animales

 


La primera vez que me interese por el dodo fue leyendo a Durrell, a Gerarld Durrell y de eso hace ya muchos años. No confundir con su hermano, el escritor Lawerence Durrell.

Me encantaba leer sus aventuras en la isla griega de Corfu y luego libros como Murciélagos dorados y palomas rosas. Son de esos libros que se leen, prácticamente de tirón.

En su visita a la isla Mauricio nos acerca entre otros animales al dodo. Ese ave que había acabado con su capacidad para volar. Paseaba y comía y a medida que engordaba más se paseaba contoneándose y hasta hacia sus nidos en tierra. En la isla no había depredadores que pudieran ser un peligro para él ni para otras especies como, lagartos y tortugas que crecieron y crecieron.

Pero la llegada del hombre a aquellas tierras trajo su extinción y también la de otras especies como el manatí de los arrecifes, la tortuga gigante de Mauricio…


La extinción del dodo, a finales del siglo XVII, se ha convertido en el arquetipo de especies que se extinguen a causa del ser humano. Y el dodo es quizás, junto con los dinosaurios, el animal del que todos tenemos su imagen en la cabeza

Sir Thomas Herbert en el año 1.627 escribió sobre la extinción certera del dodo: "Tiene un semblante melancólico, como si fueran sensibles a la injusticia de la naturaleza al modelar un cuerpo tan macizo destinado a ser dirigido por alas complementarias ciertamente incapaces de levantarlo del suelo."

Y Gerald Durrell, puso una escultura de un dodo en la entrada a su Zoo de Jersey, una imagen que simbolizara al lugar destinado a salvar y conservar especies en peligro.

El naturalista en su libro Stationary Ark, hablaba de las bases de un zoológico en el siglo XX: Primero ser una reserva de especies en peligro de extinción. Segundo, educar a los ciudadanos en el respeto a la vida salvaje. Tercero, la mera contemplación de animales exóticos no es la función de un zoológico. Cuarto, "Un animal solo debe estar en un zoológico como último recurso, cuando todos los esfuerzos para salvarlo en su entorno hayan fallado."

Los lugares donde estén las especies en el zoo deben, en primer lugar, satisfacer la comodidad y seguridad del animal, después del cuidador y, nunca se debe anteponer la comodidad de los visitantes.


El zoológico de Jersey fue el primero en solo hospedar animales en vías de extinción para después volver a ser reintroducidas en su habitat. Algo que le trajo verdaderos quebraderos de cabeza y enemistades con otros directores de zoológicos tradicionales.

Por tanto, al menos para mi, todo no es es ni negro ni blanco. Y lugares como el que se empeñó en abrir el naturalista Gerald en su isla de Jersey son apaudibles.

La lastima es que no podemos admirar al dodo ni a otros especies, como, el colobo rojo de Miss Waldron. El delfín del río Yangtsé. La foca monje del Caribe. El Cuanta de Sudáfrica… Y claro, como no, los dinosaurios.


Faltan naturalistas y sobran intereses económicos que acaban con especies animales o con reservas forestales. Respetar el hábitat es algo que está en nuestras manos, en la de todos.

Gracias Gerald por hacer posible tantas tardes leyendo tus aventuras con animales, primero insectos en cajas de cerillas y por último describiendo el transporte en aviones animales amenazados. Gracias por tu compromiso con el medio natural y los animales. Y espero que aquellos que tienen como función salvaguardar los espacios naturales sean algo más coherentes. Qué en algunos espacios naturales de nuestro país pareciera que el único peligro viene de la mano de las Autocaravanas, por cierto , vehículos que tienen todo lo indispensable para que los residuos no queden en el entorno.

Parece que el trasiego de 4x4, las motos de trial... No molestará a la fauna.

En fin…


El buzón más antiguo de España

 



En la localidad vallisoletana de Mayorga se encuentra el buzón más antiguo de nuestro país. Al menos el que ha llegado hasta nuestros días en uso, data del año 1793. En aquel año reinaba en España Carlos IV, que lo hacía desde 1789. Un reinado influenciado por los acontecimientos de la Revolución Francesa.

Pero, hablando de buzones, los primeros que se instalaron en España lo hicieron en el año 1762 «con el objetivo de garantizar el depósito de la carta, sin que tuviese que ir de mano en mano».

Y con el paso de los siglos, de los años, los buzones han perdido casi su significado. Ya no se escriben cartas; en todo caso, a nuestros buzones llegan facturas o publicidad. Ya casi ni eso, ya existen las facturas online.

¿Cuánta correspondencia recibimos o enviamos por correo? ¿Cuándo dejamos de leer declaraciones de amor con sobres donde se dibujaban corazones? ¿Cuándo dejamos de enviar y recibir participaciones de lotería de Navidad? ¿Cuándo dejamos de enviar las fotos de nietos que crecían?

Los buzones han pasado a ser elementos decorativos, en algunos casos, también en elementos destartalados. Ya no guardan tesoros escritos, y ahora casi no importa que sus cerraduras estén inservibles. Ya no se tiene ningún miedo a que se abra la puerta de los buzones, ahora, es traro que guarden sentimientos que no deban ser descubiertos.







El ciprés no siempre es alargado

 


Cualquiera de nosotros, al observar un ciprés, ve, efectivamente, que la sombra es larga y su escasa sombra tan solo alcanza a asemejar la manecilla de un reloj solar. Poca sombra nos ofrece ese ciprés pegado a tapias de conventos y cementerios. Y es gracias a que sus raíces se adentran en la tierra de forma firme y recta sin dañar tapias y paredes que, a veces, casi parecen dibujados. Los ves y pareciera que están como si no quisieran ser vistos. Como cuando nos ponemos de perfil. Pero no siempre es así. No siempre su sombra es tan egoísta; a veces, su sombra se ensancha.

Dicen que existe un ciprés que tiene miles de años. Que fue el mismísimo Zaratustra quien lo plantó. Como todo gran árbol tiene nombre y se llama el Gran Ciprés de Abarquh. Está en Irán, en la provincia de Yazd. Es ancho, su diámetro es casi de 12 metros y su altura alcanza los 25 metros. Probablemente sea el ser vivo más antiguo de Asia. Y el tercero más antiguo del mundo. El primer puesto mundial lo ocupa el pino de Cerda de la Gran Cuenca de 5062 años. Le sigue el pino Matusalén con 4845 años; ambos están en California, Estados Unidos.

Cuando estamos ante un ciprés, debemos retrotraernos para imaginar el arca de Noé que se dice fue construida con madera de ciprés. También los vikingos, hábiles navegantes, construían la quilla y mástiles de sus barcos con madera de ciprés. Y hasta se cuenta que en la construcción del Templo de Salomón se empleó madera de ciprés.

Y en el año 1.010 se escribió un poema épico, El Libro de los Reyes. En él se habla de lo que aconteció desde la creación del mundo hasta la llegada de los árabes a Persia, allá por el siglo VII. También narra el libro las pruebas a superar por los príncipes que pretendían reinar. Uno de los que quiso hacerlo tuvo que resolver un acertijo. Así es como el príncipe aspirante Zäl interpreta el acertijo propuesto por unos astrólogos. Y resuelve el príncipe que los doce cipreses son los meses del año. Sus treinta ramas son los días de cada mes.

El ciprés tiene y tuvo importancia en muchas civilizaciones. La romana, por ejemplo, al nacer una niña, se plantaba un ciprés que podría ser usado de dote por lo valiosa que era su madera.

En China y también en Japón, el ciprés simbolizaba longevidad y pureza.

Y podríamos seguir porque el ciprés es un árbol con historia. Porque todo lo que nos rodea tiene historia. La historia es el pasado visto con perspectiva. El ciprés es algo más que ese árbol pegado a los cementerios en el que pocas veces nos fijamos.

El ciprés en nuestra cultura ha sido visto como un árbol de duelo. Como un elemento de unión entre la tierra y el cielo.

Y no se puede pasar por alto que en el año 1947, Delibes escribió su primera novela, La sombra del ciprés es alargada.




La maldición del número 21 en la vida de Luis XVI



¿Qué ha pasado cuando, siendo rey, la mayoría de la gente te conoce más por tu muerte que por tu nacimiento y reinado?Hablamos de Luis XVI, llamado al nacer Luis Augusto. Murió el día 21 de enero de 1793. La guillotina le separó la cabeza del cuerpo, en la Plaza de la Concordia de París, tenia 39 años.

Debe resultar molesto que enseguida se ponga cara a su mujer, pero de él no se recuerda ni los tirabuzones de su peluca. ¿Por qué, quién no recuerda a María Antonieta, delfina de Francia, con sus pomposos peinados? También guillotinada meses después que su esposo, en la Plaza de la Revolución de París, a los 38 años.

Y si además, no te guste el número 21 y todo pasa con el 21. ¿Podemos hablar de mala suerte? ¿De superstición? Todo eso y más le pasó a Luis XVI, que nació en el Palacio de Versalles el 2 de agosto de 1754.

Fue educado por un jesuita llamado Berthier, que hizo que dominara el idioma inglés y el italiano, que además se desenvolviera con el alemán. También se hizo hincapié en que aprendiera la gramática y retórica, geometría y astronomía. Se pretendía que fuese un rey iluminado también con conocimientos de geografía e historia. Y fue Montesquieu quien le intentó alejar de la idea de que el rey reinaba bajo el derecho divino.

Se casó con María Antonieta de Austria como una cuestión de Estado. Se pretendía con ello parar el avance próspero de Gran Bretaña y también de Rusia. Tanto en París como en Versalles, donde fueron casados, se realizaron grandes fastos. El día del matrimonio no era 21, debió pensar el Rey con alegría el 16 de mayo de 1770. Pero fue en París donde el lanzamiento de cohetes y fuegos artificiales para celebrar el enlace causó la huida de parte de un público asustado. Algunos murieron aplastados por las carretas, otros cayeron al río Sena.

La noche de boda, ni las siguientes 2.555 noches se consumó el matrimonio (eso dicen las malas lenguas). Siete años pasaron hasta que la operación de fimosis acabo con la castidad del Luis XVI. Eso sí, cuando se consumó, él ya había ascendido al trono. Fue proclamado rey, a la edad de 20 años, cuando su padre Luis XV murió a causa de la viruela. Aún le quedaban por delante 19 años de reinado.

Después de tan largo ayuno sexual tuvieron cuatro hijos. María Teresa, Luis José, muerto cuando aún era un niño, Luis Carlos, que nunca llegó a gobernar, y, por último, Sofía, que murió cuando aún no había cumplido el año de edad.

¡Menos mal que no tenía 21 años cuando fue proclamado rey! Aunque lo cierto es que iba camino de ellos. Cuentan que su astrólogo de cabecera le dijo que nada debía hacerse en día 21. Ningún encuentro, ningún acto político, ninguna celebración. Y el Rey pidió que ningún asunto importante acaeciera en ese día de cada mes. ¡Qué poco lo tuvieron en cuenta los que le llevaron a la guillotina!










sábado, 21 de junio de 2025

Y tuvo un imperio


Hubo una vez alguien cuyo segundo hogar era la biblioteca y el museo de la antigua Alejandría.

Alguien que se sabía de memoria y podía recitar alguno de los veinticuatro cantos de La Odisea de Homero, esa fantástica obra que nos narra la vuelta a casa de Ulises, su deseo de regresar a Ítaca.

Una persona que podía comunicarse en varios idiomas: griego, hebreo, etíope, sirio, arameo, persa, latín, egipcio, entre otros.

Alguien que podía hablar de música y también de historia y que manejaba perfectamente la ciencia política.

Era una persona experta en matemáticas, que sabía leer el firmamento con sus vastos conocimientos de astronomía. Conocedora de los avances médicos de su época, de la ciencia de la alquimia. Una persona con una base cultural y humanista excepcional en su época.

Pensemos que fue la primera persona de su dinastía que conocía el idioma del pueblo que reinaba. Sus antecesores, miembros de una dinastía macedonia, necesitaron intérpretes para gobernar y mandar a sus ejércitos.

Fue alguien que subió al trono con tan solo 17 años y llegó a controlar toda la costa oriental del Mediterráneo. Su reinado dura casi lo que duran unas bodas de plata; fueron veintidós años en los que llegó a perder el trono para volverlo a recuperar. Hizo un imperio que perdió, pero mientras fue la persona más alabada por su pueblo, también la más odiada o amada, y con el paso de los siglos ha pasado a convertirse en una imagen del lujo. Alguien a quien se le atribuye que fue su belleza la que la mantuvo en el trono, desdeñando toda su sabiduría.

Supo rodearse de sabios como Sosígenes, quien era un astrónomo destacado y que junto a Julio César contribuyeron al nacimiento del calendario juliano, nombre que homenajeaba al emperador romano. Fue el momento de dejar las cosas claras, que el año tenía 365 días.

Y es que estamos hablando de la última faraona de Egipto, estamos hablando de la reina venerada y que podemos ver su figura en los muros del imponente templo de Hathor en Dendera, junto al hijo que tuvo con Julio César, el emperador con el que estuvo casada. Un hijo que quiso afianzar como faraón y que fue capturado y asesinado a la muerte de su madre.

Una reina de Egipto que, además de estar casada con el emperador romano, tuvo durante diez años a un amante con renombre, como fue Marco Antonio, y con el que concibió tres hijos más.

Estamos hablando de Cleopatra, alguien a quien se ha intentado asociar al lujo y a la superficialidad y que, sin embargo, fue una de las personas más cultas que gobernó Egipto.

Su tumba, como lo es la de Alejandro Magno, es todo un misterio, o podría ser que los restos de quien parecía una auténtica divinidad cuando se vestía como la diosa Isis descansaran, como últimamente se dice, en la tumba de Éfeso. Sea como fuese, yo imagino a Cleopatra navegando por las aguas del Nilo junto al que fue su marido, mirando un cielo estrellado y hablando de sueños e imaginando victorias.




domingo, 15 de junio de 2025

Un Nobel de literatura para leer y escuchar

 


Cuando le concedieron el Nobel de Literatura, mucha gente no lograba entender tal reconocimiento a un cantautor. Quizás muchas de aquellas personas desconocían la labor de Robert Allen Zimmerman, si Zimermman como la marca de pianos, así se llama el que todos conocemos por Bod Dylan y que nació en Minnesota en el año 1941. Aquel que un dia dijo de Pablo Picasso: “Él partió por la mitad el mundo del arte y lo abrió como si fuera un huevo”. Por cierto, Bod Dylan no fue a recoger el premio concedido por sus letras de canciones comprometidas y muchas de ellas en favor de los derechos humanos. El cantante al que recordamos con su guitarra y con la armónica, esta última la tocó por primera vez en una actuación en el año 1961, hizo una famosa actuación en 1978 en Nuremberg, en el mismo lugar donde Hitler hizo algunos de sus discursos, allí ante más de 80.000 personas actuó pero antes hizo que el escenario estuviese en el lugar contrario desde donde el genocida arengaba a los suyos. De esa forma consiguió que todos los miles de presentes dieran la espalda y el lugar donde acaba la espalda a ese lugar un día ocupado por el dictador.

En España, fue en el años 1984, me acuerdo porque mi hijo estaba a punto de cumplir su primer mes, cuando mas de 25.000 personas en el estadio del Rayo Vallecano se juntaron para escuchar primero, al talonero de aquel concierto, a Santana y después, al cantautor de los maravillosos ojos azules. La primera frase que dijo tras subir al escenario fue: ¡Sois cojonudos! Imaginaros los aplausos.

Aquel cantante que dijo que sus primeras letras nacieron de forma mágica, que nunca quiso ser ni un salvador ni un profeta y que a lo mejor lo que quiso es ser Elvis, aquel cantautor compuso letras con fuerte compromiso como lo fue la de "Hurricane". Aquella en la que narraba la historia de Huracán Carter, aquel boxeador negro que fue injustamente encarcelado y condenado a tres condenas perpetuas por tres crímenes no cometidos y que pasó injustamente 20 años en la cárcel. Un compromiso que le llevo a participar en varios conciertos para recoger fondos para la defensa de aquel negro injustamente encarcelado y, sobre todo, a obligar a la poderosa CBS a que incorporara aquella canción en uno de sus discos si es que quería ser su casa discográfica. Finalmente aquel boxeador salió de la cárcel y dedicó su vida a defender a los injustamente encarcelados, que por cierto, si eres negro tienes más papeletas de serlo en aquel poderoso país.

“… Aquí viene la historia de Huracán Carter el hombre al que las autoridades vinieron a culpar por algo que nunca hizo. Le metieron en una celda, pero una vez, pudo haber sido el campeón del mundo. ...”

Y ¿quien no ha escuchado su Masters of war (Señores de la guerra)? Esa famosa canción en la que Dylan se compromete con la realidad de su país y canta, en tiempos de la Guerra del Vietnam en favor del Pacifismo y en contra de la guerra. Y que comienza con estas primeras afirmaciones:

“Vengan señores de la guerra, ustedes que fabrican todas las armas, ustedes que fabrican mortíferos aviones, ustedes que fabrican grandes bombas, ustedes que se escondéis tras muros, ustedes que se esconden tras escritorios, sólo quiero que sepan que veo a través de sus máscaras. (…)”

Por cierto en el 2011 el cantautor dio su primer concierto en la ciudad vietnamita de Ho Chi Minh la que un día se llamó Saigón.

Junto con Bod Dylan, creo que son muchos los cantautores que merecían un galardón semejante, por su compromiso con el tiempo que les tocó o toca vivir, no nombro a ninguno por miedo a dejarme alguno fuera. A todos ellos gracias por sus letras, su voz y su compromiso.

Alguien dijo alguna voz que a Bod Dylan no había que escucharle, que era necesario leerle, que razón tenia. Leer también cuando escribe de amor: 

“Se sentaron en el parque mientras el cielo se oscurecía. Ella lo miró y él sintió una chispa. Un cosquilleo en los huesos. Entonces se sintió solo, lamento sus faltas,l y aguardo atento a un simple giro del destino. Bordearon solo el viejo canal, un poco confundidos, lo recuerdo bien, y entraron a un extraño hotel con destellos de luces de neón. (…)” Simple Twist of Fate.


La Epidemia del Baile del siglo XVI. Coreomanía

 


Corría el año 1.518 cuando una vecina de Estrasburgo, Madame Troffea se puso a bailar sola, en medio de una calle y durante horas. Podría pasar por loca a los ojos de vecinos, mercaderes y viajeros pero ella no dejaba de bailar. Lo hizo durante horas. Y no solo eso. Durante días estuvo bailando.



Una semana después, junto a Madame Truffea bailaban 34 vecinos más. Al cabo de un mes, 400 vecinos estaban bailando por las calles de Estrasburgo de forma desenfrenada tal y como cuenta el alquimista y médico suizo, Thheophrastus Bombastus von Hohenheim, conocido por Paracelso.



Pasado el mes, las muertes se contaban por decenas, las gentes morían de infartos, por agotamiento y por desnutrición. Los vecinos de Estrasburgo y de lugares vecinos no podían dar crédito a lo que estaba pasando.



Por aquella época los que llamaban Físicos, que serian los médicos de ahora, todo o casi todo lo curaban con sangrías. En ese caso hubiese sido aun más lógico el sangrar, porque los físicos diagnosticaron que los enfermos del Mal del baile sufrían un calentamiento de la sangre. Sin embargo, recomendaron, “más baile”. Pensaron que de esa forma pronto agotarían el impulso que les llevaba a bailar sin parar y hasta caer exhaustos y morir.



Así fue como se preparó en la ciudad un gran escenario. Se desalojo la plaza donde normalmente se celebraba el mercado de puestos de comerciantes. En su lugar se construyó una enorme estructura en madera. Hasta allí fueron llevando a las decenas de bailarines que aun bailaban por las calle y permanecían vivos. Todo lo prepararon con sumo cuidado, dispusieron que músicos de la época amenizaran las horas y horas de baile. Los instrumentos de la época, tales como flautas, tambores o laudes acompañaban a los que padecían a los enfermos. Y como la prescripción medica era clara: “Que bailen, que bailen hasta que se agote el impulso”. Tuvieron que contratar hombres fuertes que sujetaran a los danzantes que desfallecían por el agotamiento de días bailando. Ellos se encargarían que aun casi desfallecidos y a punto de morir, siguieran bailando.

Pero esa prescripción de seguir bailando no estaba dando los frutos deseados, la epidemia no se podía contener. Era necesario tomar nuevas medidas y ver otra solución. Y así fue como se tomo la decisión contraria a la primera. Desde ese momento en toda la ciudad de Estrasburgo estaría prohibida la música y el baile. Había que conseguir que los bailarines dejaran de danzar hasta morir y que se siguieran sumando mas ciudadanos.



Se desmonto el gran escenario. Se agrupó a todos los afectados por la extraña epidemia y se les llevó hasta Saverne, pueblo cercano a Estrasburgo. Allí hombres y mujeres que llegaban con los pies cubiertos de llagas y sangrando de los días que llevaban bailando fueron conducidos hasta la catedral de San Vito. Y según cuenta Paracelso, fue frente a la imagen del santo que los danzantes dejaron de bailar. El llamado desde entonces “Baile de San Vito” desapareció de Estrasburgo pero, la ciencia de entonces no averiguo las causas y la razón concreta del inicio y el cese de la epidemia. Quizás tomaron esta decisión porque en 1430, en Zabern, población de Alsacia también tuvo una gran epidemia del baile, y en aquella ocasión se les encerró a los bailarines en la iglesia de San Vito en donde se habrían curado.



En siglos posteriores volvieron algunos brotes, igual que había habido antes. Algunas de la ciudades que vieron estas epidemias en sus calles estaban cercanas al Rin, ¿seria la causa las aguas del rio?.

Otra posibilidad era que fuese un rito o un culto religioso pero, en aquella época la Santa Inquisición estaba instaurada en Europa. De pensar que podrían ser seres invadidos por dioses o diablos hubiesen tenido una muerte asegurada desde el minuto uno. La posibilidad de que estuvieran bajo el efecto de alguna droga también se ha estudiado con posterioridad. Concretamente, bajo los efectos de un hongo que crece en las plantaciones del centeno y que es conocido desde hace 2.000 años. El llamado Cornezuleo del Centeno. Con propiedades muy parecidas al LSD pero, ¿Como podría ser que los efectos de una droga duraran días y semanas?. Por cierto, en la primera década del siglo XIX este alcaloide se comenzó a conocer como “polvo para parturientas” y, ha utilizarse para acelerar los partos. Posteriormente se comprobó que se producían bastante muertes en los recién nacidos.

¿Y si todo hubiera sido posible por un brote de Histeria Colectiva?.

En un brote de esta epidemia en 1.374 poco después de que se hubiese declarado la Peste Negra, a los bailarines se les trato igual que los enfermos de peste. Se les aisló y en algunos casos se intentaría sacar el demonio que se creía que llevaban dentro. ¿Por qué no se hizo eso mismo en Estrasburgo?

¿Fue una enfermedad contagiosa?

¿Eran fenómenos sociales?

¿Un envenenamiento?

¿Encefalitis o epilepsia?

¿Estrés? Producto de las condiciones de vida, de las epidemias, del hambre …?

Fuese lo que fuese nos ha permitido a mi escribir y a ti leer, una tarde de domingo con historia.







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