El 11 de noviembre es el Día de las Librerías, esos maravillosos lugares donde se concentran millones de historias: El sueño de un niño pobre; la alegría al creer encontrado el amor de por vida; la angustia por el asesinato de un inocente; la importancia de los átomos; el descubrimiento de esa aldea perdida en África…
Es día para admirar la librería Bertrand en Lisboa, la más antigua del mundo, en funcionamiento. Se inauguró en 1712. En el año 1755 tuvo que cambiar de lugar tras el terrible terremoto que asoló la capital portuguesa.
Y si volvemos la vista a nuestro país, la librería más antigua de España en activo está en Burgos. Su actual emplazamiento, en la Plaza de España, no fue el primitivo. Por el año de su inauguración, allá por el 1860, se localizaba en la calle Laín Calvo.
Ahora, según escribo, recuerdo la Cuesta del Moyano donde, de muy niña, acudía con mi padre alguna mañana de domingo; en sus casetas de madera se puede visitar una feria permanente del libro que teníamos la suerte de tener en Madrid. Ya mayor, también hacía escapadas con mis hijos. Aun hoy vuelvo a recorrer la cuesta, parándome en casetas y junto a mesas en la acera, buscando entre tantos títulos uno que despierte mi curiosidad lectora.
También recuerdo cuando mi padre me decía: "Esta librería la abrió un nieto de Pérez Galdós, por eso se llama como el escritor". Y pasábamos un gran rato en la calle Hortaleza, ya muy cerca de la Gran Vía, donde estaba situado este lugar. Allí, con los ahorros de mi paga semanal, compraba algún libro, o tras un poco de zalamería, conseguía que mi padre me regalase algún volumen que mis pocos ahorros no podían comprar.
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