domingo, 29 de junio de 2025

España tambien tuvo una reina Isabel II

 


Isabel II, la reina que apodaban la reina castiza y también, y tal como la llamó Benito Pérez Galdós, “la de los tristes destinos”, fue una niña-reina. En 1833, con solo tres años, sube al trono, en él se mantendría hasta el año 1868 cuando triunfa la llamada Revolución Gloriosa que la obliga al exilio en Francia. Hija de Fernando VII y de su sobrina carnal, que sería su cuarta esposa, María Cristina de Borbón Dos Sicilias. Cuando nació Isabel, que reinaría como Isabel II, la frase más escuchada en palacio era: "Nació el heredero, pero es mujer".



Hasta el nacimiento de la princesa Carlos María Isidro, ya se veía rey al no haber tenido Fernando VII descendencia con sus tres mujeres anteriores. Él y sus partidarios ponen en entredicho los derechos de sucesión de Isabel II, y se cuestiona su subida al trono por ser mujer. Sin embargo, su padre Fernando VII se había adelantado y unos meses antes del nacimiento, y ante la posibilidad de que fuese niña, había publicado la Pragmática Sanción. Ley que ya redactó en 1789 Carlos IV para dejar sin efecto la ley sálica que impedía el reinado de las mujeres. Así fue como Isabel II, al morir su padre, es entronizada siendo una niña de tan solo 3 años; comienza el tiempo denominado de las Regencias.

Primero es su madre la que ocupa la regencia durante los primeros 7 años y hasta 1840. Es este un periodo convulso; se inicia la primera guerra carlista. También se promulga la Constitución de 1837, y se produce la famosa desamortización de Mendizábal, que suprimía las órdenes religiosas y nacionalizaba sus bienes, saliendo muchos de ellos a la venta en pública subasta.

Pero la madre de Isabel II no está sola en este periodo de Regencia; a los tres meses de haberse quedado viuda, el 28 de diciembre de 1833, contrajo matrimonio morganático y en secreto con Agustín Fernando Muñoz, un sargento de su Guardia de Corps. De esta relación se dice que fue iniciada incluso antes de morir el rey. Fruto de aquel “matrimonio secreto” nacieron cinco hijos en los 7 años que duró la regencia, embarazos que ocultaba bajo anchos vestidos. Aun así, los embarazos no quedaban escondidos y de ella se decía, y no solo en la Corte:

La Regente es una dama casada en secreto y embarazada en público”.

Lo cierto es que los negocios del matrimonio hicieron dejar de lado los cuidados de una niña-reina. Pero aquellos negocios serán de otro domingo con historia. En cuanto a la Segunda Regencia, dura solo 3 años, de 1840 a 1843, y fue bajo el general Baldomero Espartero.



La mayoría de edad se adelanta en el caso de Isabel II; con solo trece años se acaban los periodos de regencia y aquella niña pasa a ser la reina, sin preparación para el cargo y tampoco ninguna preparación académica. En conversaciones con Benito Pérez Galdós, le confesó años más tarde que:

“¿Qué había de hacer yo, jovencilla, reina a los catorce años, sin ningún freno a mi voluntad, con todo el dinero a mano para mis antojos y para darme el gusto de favorecer a los necesitados, no viendo al lado mío más que personas que se doblaban como cañas, ni oyendo más que voces de adulación que me aturdían? ¿Qué había de hacer yo?”



En este punto podría seguir con la política de su reinado hasta su exilio en Francia en 1868; allí primero se instaló en Pau, aunque también adquirió en París el pequeño palacio conocido como Basilewski. Finalmente, abdica en su hijo, que reinaría como Alfonso XII. Por cierto, tuvo que pasar una pensión a su marido durante años. Pero vamos a hablar de su vida más privada, pero muy pública.



La reina se casó a los dieciséis años; todos los consejeros la empujaban al matrimonio por una cuestión de Estado. Según escribió Fernando Díaz Plaja, “Isabel II no llegó virgen al matrimonio. Salustiano Olózaga, fornido garañón, se había encargado de desflorarla y de iniciarla en las lides del amor”. Olózaga, que fue tutor de la reina y que también pasara a la historia por ser el presidente que estuvo nueve días en el cargo, entre el 20 y el 29 de noviembre de 1843. Se dice que lo que sucedió fue un golpe de Estado encubierto por el que los moderados se hicieron con el poder.

Pero vamos al matrimonio de Isabel II.

La frase célebre: ¡Con Paquito NO! Se atribuye a la reina Isabel cuando le dijeron el nombre de la persona elegida como marido, su primo carnal, por partida doble, Francisco de Asís de Borbón Dos-Sicilias. Y es que la homosexualidad de Francisco era conocida por todos, por eso existen historiadores que cambian la frase dicha por la reina, aclarando que dijo: ¡Con Paquita NO!

La primera noche de bodas la pasaron en el Palacio de la Moncloa y se cuenta que su ayudante de cámara, Amparo de Azagra, aquella noche desnuda a la reina y le ayuda a ponerse un camisón bordado para la ocasión, una ocasión que se retrasó. El motivo del retraso es que el novio no terminaba de entrar en la alcoba nupcial; cuando por fin lo hizo, se dice que Isabel exclamó:

“¡Pero Paco, si llevas más puntillas que yo!”.

El asombro de la reina y del propio séquito fue mayúsculo un día después, cuando se desplazaron al palacio de la Granja de San Ildefonso, donde disfrutarían de su luna de miel, y es que el novio llevaba un ajuar que ocupaba varias arcas. Arcas y baúles que guardaban prendas interiores de encaje, ropas de última moda, sábanas de seda… Pasaron los días y la pareja no volvió a tener ninguna otra relación, tampoco en los años siguientes. Fue un matrimonio de conveniencia que duró años. Y aunque ambos cónyuges vivían juntos, dormían por separado. Isabel II parió doce hijos mientras estuvo casada con Francisco; de ellos solo sobrevivieron cinco.

En el Madrid de aquella época se podían escuchar las coplillas que le cantaban a la pareja:

“Paquito Natillas, es de pasta flora y mea en cuclillas como las señoras”. “Isabelona tan frescachona y don Paquito tan mariquito".



Y si se decía de Francisco de Asís que mantenía relaciones íntimas con Antonio Ramos Meneses, de Isabel II se relataba el nombre de sus múltiples amantes, muchos de ellos responsables de los embarazos “reales”. Los hijos paridos por la reina, al nacer, eran reconocidos por el propio rey, que a cambio recibía una cuantiosa cantidad de dinero, miles y miles de reales por cada hijo. Queda el consuelo de que el rey consorte fue un gran mecenas y entre sus obras está, por ejemplo, la rehabilitación del Palacio de Los Jerónimos.



Por citar algunos de los amantes que dicen que tuvo Isabel II, diremos que el primero fue el general Serrano, sí, sí, el de la calle madrileña. Veinte años mayor que la reina, se convirtió en su favorito y tal relación le fue de gran ayuda para llegar al cargo de ministro de la Guerra. Por cierto, un general al que la reina llamaba “el general bonito” y que, pasados los años, no dudó en encabezar el levantamiento contra la reina en la Revolución de la Gloriosa, también llamada la Septembrina. Una sublevación militar que supuso el destronamiento y exilio de los reyes.

Otros de sus amantes fueron Emilio Arrieta, el famoso compositor; Carlos Marfori, el marqués de Bedmar; el comandante José Ruiz de Arana. A este último se le atribuye la paternidad de Isabel de Borbón, aunque Francisco de Asís la reconociera como hija suya; incluso se la conocía popularmente como “La Araneja”.

Y por cierto, el día de su tradicional presentación en la madrileña Basílica de Atocha, la Reina Isabel fue apuñalada por el cura Merino, que murió ajusticiado cinco días después. No confundir a este cura con el famoso guerrillero de la Guerra de la Independencia, también llamado Cura Merino, cuyos restos descansan en el centro de una plaza de Lerma.

La pequeña Isabel, la araneja que sería conocida popularmente como La Chata, pasó a ser Princesa de Asturias, título que en ella fue como el Guadiana; tan pronto estaba como desaparecía al nacer un hermano varón. Fue el caso cuando nació su hermano en 1857, del que se cree que el padre fue el militar Puig Moltó.

Isabel II tuvo otros amantes como el escritor Miguel Tenorio de Castilla y otros muchos desconocidos.

Lo cierto es que algo que los reyes, a lo largo de la historia, han realizado de forma continua, como es el tener amantes, en el caso de Isabel II llevó a que se le pusiera el sobrenombre de ninfómana.

En fin… Finalmente, Isabel murió en el exilio en 1904.




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