En la localidad vallisoletana de Mayorga se encuentra el buzón más antiguo de nuestro país. Al menos el que ha llegado hasta nuestros días en uso, data del año 1793. En aquel año reinaba en España Carlos IV, que lo hacía desde 1789. Un reinado influenciado por los acontecimientos de la Revolución Francesa.
Pero, hablando de buzones, los primeros que se instalaron en España lo hicieron en el año 1762 «con el objetivo de garantizar el depósito de la carta, sin que tuviese que ir de mano en mano».
Y con el paso de los siglos, de los años, los buzones han perdido casi su significado. Ya no se escriben cartas; en todo caso, a nuestros buzones llegan facturas o publicidad. Ya casi ni eso, ya existen las facturas online.
¿Cuánta correspondencia recibimos o enviamos por correo? ¿Cuándo dejamos de leer declaraciones de amor con sobres donde se dibujaban corazones? ¿Cuándo dejamos de enviar y recibir participaciones de lotería de Navidad? ¿Cuándo dejamos de enviar las fotos de nietos que crecían?
Los buzones han pasado a ser elementos decorativos, en algunos casos, también en elementos destartalados. Ya no guardan tesoros escritos, y ahora casi no importa que sus cerraduras estén inservibles. Ya no se tiene ningún miedo a que se abra la puerta de los buzones, ahora, es traro que guarden sentimientos que no deban ser descubiertos.

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