domingo, 30 de noviembre de 2025

Tirar los tejos

 

¿Habéis escuchado o usado alguna vez la frase "tirar los tejos"?


 

Algunas voces sitúan el nacimiento de la frase en tiempos de los celtas, durante las celebraciones del solsticio de verano. En esa festividad pagana, las mujeres más jóvenes lanzaban semillas de tejo a los mozos que ellas elegían.

Y fuimos en busca del tejo milenario. Cuando se llega a donde se sitúa el que es conocido popularmente como "Teixu l´Iglesia", solo queda rendirse ante el porte de este árbol milenario.

Hablando con algunos de los pocos vecinos que aún habitan la pequeña aldea, nos contaron cómo de jóvenes comían los arilos, el fruto del tejo, la única parte del árbol que no es venenosa. Y los comían al contrario que se comen las pipas; tan solo tomaban la parte del fruto que recubre las semillas. Recuerdo que les dije a aquellos vecinos, así de sopetón y sin pensarlo: O sea, era como "despipar". Creo que aún se escuchan las carcajadas que lanzaron al escuchar la palabreja.

Y durante buena parte de una tarde nos quedamos en el entorno del tejo, el más longevo de Asturias y uno de los más ancianos de Europa. Este árbol lo podéis admirar en Bermiego, en la comarca asturiana de Quirós, frente a ese paraíso que es el Parque de Las Ubiñas-La Mesa.


viernes, 28 de noviembre de 2025

Enfoncar

 


Enfocar. Un acto que a simple vista parece fácil, pero que con solo intentar realizar una instantánea con una cámara réflex, se comprueba que no es un acto tan sencillo. Esta acción lleva aparejada una serie de movimientos que acercan y alejan, una y otra vez, hasta que, por último, el objeto, la escena, el personaje... es visto con nitidez. Pero algunas personas no logran enfocar la realidad que les rodea.

Así que, en estos tiempos, termina por resultar insultante escuchar a determinados jovenzuelos culpabilizar de sus males a los jubilados, a sus pensiones. Culpabilizar a las mujeres y hombres que, con nuestros impuestos, les pagamos las guarderías donde fueron cuidados, los colegios donde los educaron, la sanidad pública que les atendió desde su nacimiento... Los mismos viejos que defendimos derechos que ellos aprovecharon. No, joven, tu problema no son las pensiones de los que ahora peinamos canas. Tu verdadero problema es la ignorancia que arrastras, esa que no te deja enfocar con nitidez.

Quizás esos jovenzuelos y otros no tan jóvenes debieran recordar, por ejemplo, que el coste público total del rescate bancario en España se aproximó a los 72 mil millones de euros. Una cifra mareante, nada despreciable. De toda esa cantidad de dinero, a día de hoy solo se ha recuperado una parte ridícula —teniendo en cuenta los dividendos que presentan año tras año esos bancos—, tan solo nos han devuelto a los españoles alrededor de unos 6.900 millones de euros. Pero, eso sí, a ellos nunca se les enfoca. Por cierto, una banca propietaria de miles de viviendas, muchas vacías, en un país donde la crisis habitacional sigue creciendo. A esos bancos y a las grandes compañías del IBEX es donde se hace necesario enfocar.

Por no hablar de quién se termina creyendo que ese joven que llega huyendo del hambre desde, por ejemplo, Sudán, con casi 12.000.000 de desplazamientos forzosos por la guerra que desde abril de 2023 desangra al país, que ese joven, digo, va a robar el trabajo a alguien. De verdad, quien piense que una persona que llega a un país extranjero, sin casi conocer el idioma, sin una red de amigos y familiares, es el causante de sus males, bajo mi punto de vista, desenfoca la realidad. Porque la causa de la pobreza no está en otros pobres; eso es lo que interesa que se crea.

Distorsiona la realidad quienes confían en aquellos que tan solo lanzan proclamas, estudiadas en laboratorios de marketing político, quienes no son capaces de poner sobre la mesa ni una sola medida creíble y razonada.

Y niegan su propia realidad los que piensan que los derechos son eternos, quienes confían su continuidad a los mismos que los niegan.

Quizás es momento de que se vuelva a poner en valor que nadie da duros a cuatro pesetas.

En fin, que una reacción alérgica a la vacuna del herpes zóster me ha tenido unos días fuera de juego y mira, que me puse a pensar.


lunes, 24 de noviembre de 2025

Pueblos en agosto

 

En la inmensa mayoría de los pueblos, cuando agosto pasa su ecuador, desaparecen de sus plazas los escenarios; y de sus calles la vida.

Los bailes, las charangas, los festejos pasan a ser recuerdos. Se refugian las vivencias en la memoria de los que disfrutaron las noches más animadas, no solo del verano, las más animadas del año.

Se acaban los días de escribir en diarios las miradas cómplices, las caricias escondidas, el primer beso.

Se van acabando los juegos, las carreras, los gritos propios de la chiquillería, las risas nerviosas, el último paseo apurando la hora de llegada a casa.

Se terminan los paseos por alamedas; se aparcan bicicletas y triciclos; se guardan las sillas que agrupaban vecinos, combatiendo el calor en noches de estrellas y cantos nupciales de grillos.

Los coches van dejando espacios vacíos; se despeja el escenario que acogerá el baile libre de las primeras hojas caídas; ellas rubricarán lo que todos saben: el verano acaba.

Los abuelos vuelven a sentir las ausencias y los silencios.

La rutina se impone en comidas y cenas, en la mayoría de los casos, por compañía, televisiones vomitando noticias.

Vecinos de diminutos pueblos saben que se acercan los días donde las estrechas calles se convierten en amplias avenidas.

Difícil ofrecer un saludo.

Pueblos de montaña donde, en pocos días, se agradecerá sentarse al carasol a la espera del vecino con quien compartir una charla, amigable la mayoría de las veces.

Pueblos con ríos que volverán a dejar correr libres sus aguas, ahora remansadas. Cuando los nietos se vayan, vayan, se llevarán con ellos las tardes de baños, meriendas y alegrías.

Los pontones volverán a dejar de ser el lugar elegido para salvar los ríos saltando y cantando.

Pueblos que se van vaciando y, al mismo tiempo, con la misma intensidad, vuelve a ellos la nostalgia, la tristeza y la espera. Estos sentimientos se adhieren al adobe y la piedra de sus caseríos.

Banderines colgados, testigos mudos de noches de fiestas en plazas y calles que unos días estuvieron llenas.

Pueblos.


Paisaje rural

 


Líneas rectas llenas de luz y el fondo, emborronado, como si los pinceles se hubiesen ido limpiando en el mismo lienzo, de abajo hacia arriba, perdiendo intensidad.

Paisajes rurales que se asemejan a la realidad.

Anteojeras en poderes y contrapoderes, siguiendo todos su propio camino, recto, sin posibilidad de confluencias.

Cubriendo futuros inciertos con capas embellecidas como el agua clara.

Y un renglón, cada vez más torcido, donde se escribe el presente, transmitiendo su fragilidad al exponerse a los vientos que soplan fuertes.



sábado, 22 de noviembre de 2025

Calles que inspiran, el catahuevos

 



El pequeño Ricardo había sido elegido en su familia para ser el encargado de llevar los huevos al pie de la muralla; ese era el lugar en que el recovero del castillo los recogía cada día. Esa tarea, de llevar los huevos, la realizaba aquel chaval, dos o tres días a la semana. Pero su sueño, de ser el mejor arquero del reino, siempre le acompañaba, incluso cuando cuando cargaba con el cesto de huevos.

Una mañana, Ricardo, acompañado de Juanita, su hermana mayor, pasó junto a la muralla, pero no pararon donde estaba el catahuevos.

Allí estaba él, rodeado de gente que no entendía en qué se gastaban tantos huevos en el castillo.

Él, el recovero, miraba los huevos, uno a uno, los acercaba a uno de sus ojos, que ya hasta lo tenía más hundido. Según lo que viera, que solo él sabría que buscaba, compraba los huevos o los estampaba; en el mejor de los casos, contra el suelo. Alguna vez, el blanco de su ira, tras mirar el huevo, se dirigía hacia alguna mujer o chiquillo. Ese día, sus víctimas volvían a casa con la cabeza llena de trozos de cascarones, y con la yema y la clara dibujando chorretones en sus caras. Y lo más penoso, nada en los bolsillos.

Esa mañana, ya fría, el invierno ya asomaba; el recovero vio acercarse a los hermanos; sin embargo, pasaban de largo y los llamó. Les preguntó dónde iban con el cesto de huevos. Además, que hacía días que no acudían a vender, debían llevar bastantes huevos en la cesta.

Juanita se adelantó a decir:

Señor, vamos a llevar estos huevos a las madres Clarisas. Me casaré en un mes y es mi ofrenda.

Jajajajaja. Trae aquí la cesta. Ya llevarás los huevos otro día. ¡Hoy no! Hoy, los huevos se necesitan en el castillo. —Su voz ronca, imperativa, acompañada del gesto de querer apropiarse del cesto de huevos, hizo que a Juanita le temblaran las manos. Antes de que el recovero del castillo pudiera asir la cesta, esta cayó al suelo; los huevos quedaron desparramados; algunas yemas parecían tener vida propia, hacían equilibrio entre mimbre y cascarones, mientras se deslizaban por las claras, que se escurrían como si fuesen lava.

De pronto, el grupo de vecinos que esperaba a que fuera revisada la frescura de sus huevos comenzó a lanzarlos al catahuevos del señor feudal.

Le lanzaban, a la cara, a la espalda, a las piernas.

¡A mí la guardia! —gritaba y repetía el recovero mientras corría hacia el castillo. En su huida le acompañaron las risas de los vecinos.

Algunas mujeres, aun encorvadas y viejas, se agacharon buscando algún huevo que hubiera quedado intacto. Al final, recuperaron una docena.

Toma, Juanita, ve hacia el convento y cumple con tu ofrenda. Le dijo una de aquellas mujeres con lágrimas de emoción bañando sus envejecidos ojos.

Durante los días siguientes, ningún catahuevos vino a comprar huevos...

Hasta que una mañana, vieron llegar al pueblo al que sería el nuevo recovero del castillo.

Venía avisado; en aquel pueblo los huevos también los usaba el pueblo. Fue recibido por el recitar de algunos vecinos que se iban acercando a la muralla.

Aquel catahuevos pensó al escuchar a la muchedumbre que eran gentes amables aquellas que le recibían con cánticos, pero de pronto alcanzó a escuchar con nitidez:

“… que de cuatro en cuatro meses / le sea un miembro amputado …”

Salió entonces el recovero huyendo y el gentío siguió cantando el romance del conde Pedro Vélez:

“… Cumpliéronse los castigos / cual el rey había mandado, / y al cabo de muchos meses, / por el dolor atormentado, / murió el conde don Pedro Vélez / en el castillo encerrado. / Dicen que la prima infanta / por él lloró su pecado, / y que desde aquel entonces quedó el palacio encantado; / que aún se oyen por las noches / pasos, lamentos y llanto.”










viernes, 21 de noviembre de 2025

En busca de escaramujos

 

Volví a recorrer el camino conocido; buscaba los escaramujos.

Los encontré junto al sendero, colgando como zarcillos de coral, regalando color en una tarde gris de un otoño que se aceleraba.

Y recordé la primavera, cuando pasé junto al mismo rosal silvestre. Entonces parecía estar engalanado para un hermoso baile; sus sencillas rosas atraían a los insectos y por varios minutos también imantaron mi mirada.

Cuando vi los frutos, recordé a las rosas. Las imaginé desnudándose, dejando caer sus pétalos, engendrando frutos.

Y pensé en las brujas.

viernes, 14 de noviembre de 2025

“Elegía Apu Inca Atawallpaman”

 

 


Hoy escribí:
En 1955, José María Arguedas publicó la traducción al español de la “Elegía Apu Inca Atawallpaman”. En ella se describe el caos y el dolor producidos por la muerte del inca Atahualpa, el último emperador de un imperio que hizo frente a la llegada de los españoles, al mando de Francisco Pizarro, pero que finalmente fue conquistado.
Arguedas, el antropólogo, pero también escritor y guardián del folclore de su tierra, que además tenía al idioma quechua interiorizado por hablarle desde niño, logra con la traducción de ese poema transmitir la memoria colectiva de todo un pueblo, el inca. Esa civilización precolombina abarcaba un extenso territorio que comprendía lugares de países actuales como Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y, claro está, Perú. La capital de aquel imperio era Cusco.

Y hoy, siento que hoy, me gustaría llegar a Pankula, en Apurímac, cerca de Andahuaylas, donde nació Arguedas. Ese lugar que, cuando se han sobrepasado los 3500 metros de altitud, nos regala un maravilloso bosque de piedras. Desearía sentarme para admirar ese increíble paisaje, sus enormes rocas, las que se asemejan a piedras hincadas para defender un territorio. Y una vez allí, cuánto me gustaría que hasta Arguedas llegasen varias preguntas:
¿Cómo rescatar a Sayago de la indiferencia que sufre por quienes no valoran su riqueza? ¿Cómo hacer entender que aquello que conforma su identidad propia y también única debe ser salvado? Cuánto te necesitamos para que en este presente escribieras un poema que hablara de Sayago, que uniera voluntades.

Y sí, desde Pankula, abriría “Elegía Apu Inca Atawallpaman” y leería.

"¿Qué arco iris es este negro arco iris
que se alza? Para el enemigo del Cuzco horrible
flecha que amanece.
Por doquier granizada siniestra
golpea.
Mi corazón presentía
a cada instante,
aun en mis sueños, asaltándome,
en el letargo,
a la mosca azul anunciadora de la muerte;
dolor inacabable."


La reina doña Sancha de León y El Beato de Fernando I y doña Sancha

      La reina Sancha Alfónsez de León (1013–1067), conocida más como Sancha de León, fue fundadora de algunos monasterios, con ...