Líneas rectas llenas de luz y el fondo, emborronado, como si los pinceles se hubiesen ido limpiando en el mismo lienzo, de abajo hacia arriba, perdiendo intensidad.
Paisajes rurales que se asemejan a la realidad.
Anteojeras en poderes y contrapoderes, siguiendo todos su propio camino, recto, sin posibilidad de confluencias.
Cubriendo futuros inciertos con capas embellecidas como el agua clara.
Y un renglón, cada vez más torcido, donde se escribe el presente, transmitiendo su fragilidad al exponerse a los vientos que soplan fuertes.

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