Volví a recorrer el camino conocido; buscaba los escaramujos.
Los encontré junto al sendero, colgando como zarcillos de coral, regalando color en una tarde gris de un otoño que se aceleraba.
Y recordé la primavera, cuando pasé junto al mismo rosal silvestre. Entonces parecía estar engalanado para un hermoso baile; sus sencillas rosas atraían a los insectos y por varios minutos también imantaron mi mirada.
Cuando vi los frutos, recordé a las rosas. Las imaginé desnudándose, dejando caer sus pétalos, engendrando frutos.
Y pensé en las brujas.


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