Enfocar. Un acto que a simple vista parece fácil, pero que con solo intentar realizar una instantánea con una cámara réflex, se comprueba que no es un acto tan sencillo. Esta acción lleva aparejada una serie de movimientos que acercan y alejan, una y otra vez, hasta que, por último, el objeto, la escena, el personaje... es visto con nitidez. Pero algunas personas no logran enfocar la realidad que les rodea.
Así que, en estos tiempos, termina por resultar insultante escuchar a determinados jovenzuelos culpabilizar de sus males a los jubilados, a sus pensiones. Culpabilizar a las mujeres y hombres que, con nuestros impuestos, les pagamos las guarderías donde fueron cuidados, los colegios donde los educaron, la sanidad pública que les atendió desde su nacimiento... Los mismos viejos que defendimos derechos que ellos aprovecharon. No, joven, tu problema no son las pensiones de los que ahora peinamos canas. Tu verdadero problema es la ignorancia que arrastras, esa que no te deja enfocar con nitidez.
Quizás esos jovenzuelos y otros no tan jóvenes debieran recordar, por ejemplo, que el coste público total del rescate bancario en España se aproximó a los 72 mil millones de euros. Una cifra mareante, nada despreciable. De toda esa cantidad de dinero, a día de hoy solo se ha recuperado una parte ridícula —teniendo en cuenta los dividendos que presentan año tras año esos bancos—, tan solo nos han devuelto a los españoles alrededor de unos 6.900 millones de euros. Pero, eso sí, a ellos nunca se les enfoca. Por cierto, una banca propietaria de miles de viviendas, muchas vacías, en un país donde la crisis habitacional sigue creciendo. A esos bancos y a las grandes compañías del IBEX es donde se hace necesario enfocar.
Por no hablar de quién se termina creyendo que ese joven que llega huyendo del hambre desde, por ejemplo, Sudán, con casi 12.000.000 de desplazamientos forzosos por la guerra que desde abril de 2023 desangra al país, que ese joven, digo, va a robar el trabajo a alguien. De verdad, quien piense que una persona que llega a un país extranjero, sin casi conocer el idioma, sin una red de amigos y familiares, es el causante de sus males, bajo mi punto de vista, desenfoca la realidad. Porque la causa de la pobreza no está en otros pobres; eso es lo que interesa que se crea.
Distorsiona la realidad quienes confían en aquellos que tan solo lanzan proclamas, estudiadas en laboratorios de marketing político, quienes no son capaces de poner sobre la mesa ni una sola medida creíble y razonada.
Y niegan su propia realidad los que piensan que los derechos son eternos, quienes confían su continuidad a los mismos que los niegan.
Quizás es momento de que se vuelva a poner en valor que nadie da duros a cuatro pesetas.
En fin, que una reacción alérgica a la vacuna del herpes zóster me ha tenido unos días fuera de juego y mira, que me puse a pensar.
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