jueves, 2 de julio de 2026

La reina española de las lavanderas

 

La reina española, la de las Lavanderas, la más culta

María Victoria dal Pozzo della Cisterna. Quizás para la mayoría de las personas sea un nombre que no diga nada; sin embargo, ella fue reina consorte de nuestro país al estar casada con Amadeo de Saboya. Fue un reinado corto, tres años escasos (1870-1873).

El rey Amadeo I de España había llegado al trono elegido por las Cortes en 1868. Fue después de que Isabel II fuese destronada, un derrocamiento en el que estuvieron implicados los generales Prim, Serrano y Topete.

Por cierto, la búsqueda de un nuevo rey no fue fácil y se le atribuye al general Serrano la siguiente exclamación: “¡Encontrar a un rey democrático en Europa es tan difícil como encontrar un ateo en el cielo!”

La reina María Victoria, apodada "La Virtuosa", era una reina muy, muy culta, con conocimientos de aritmética, filosofía e historia; era una gran conocedora del arte y además, dominaba seis idiomas, entre ellos el castellano, que hablaba con toda corrección y con una perfecta acentuación.

Esta reina de España, nacida en Turín, tuvo poco éxito con una corte, la española, acostumbrada a la opulencia. Ella era de costumbres menos ostentosas y a la vez no le importaba utilizar su propia fortuna en intentar paliar, en lo que pudiera, las necesidades del pueblo más llano. Ella fue la primera en reparar en la miseria en que vivían y trabajaban las lavanderas del Manzanares en Madrid, a las que podía ver en los paseos que daba en los alrededores del palacio.

Fue ella la encargada de poner en marcha la que sería la primera guardería de España, un gesto que durante largo tiempo, y aun en la actualidad, se le suele atribuir de forma errónea a María Cristina de Habsburgo, esposa de Alfonso XII y madre de Alfonso XIII.

Las lavanderas del Manzanares comenzaron su andadura a finales del siglo XVI y hasta comienzos del XX se mantuvieron lavando la ropa de quienes podían pagarse ese servicio.

En las orillas del Manzanares, el que algunos han denominado, despectivamente, el aprendiz de río, se llegaban a juntar miles de lavanderas. Lo hacían desde las primeras horas del día, hasta que la noche les cogía allí, en los lavaderos situados entre el Puente de Segovia y el Puente de Toledo. En verano y en invierno, con un sol de justicia, o con nieve y hielo, y los hijos pequeños a su lado. Esa era la vida de aquellas lavanderas, que en su mayoría tenían su residencia en el llamado Barrio de las Injurias, cercano al propio río y a la glorieta de Pirámides. Por cierto, un barrio que fue mandado demoler, en el año 1906 por el que fuese alcalde de Madrid, Alberto Aguilera, en lo que se llamó Plan de higiene de la Villa de Madrid.

La reina María Victoria, que había visto tanto sufrimiento en aquellas mujeres lavanderas, hizo levantar el Asilo de las Lavanderas, en la Glorieta de San Vicente, ella misma se encargaría de seguir las obras de construcción, al encontrarse cerca del propio palacio real. Hasta 300 niños y niñas de menos de cinco años se cuidaban, educaban y alimentaban en aquel asilo. Era atendido por ocho monjas, también había maestras y algunas amas de cría. Se reservó una habitación para las lavanderas que enfermaban y no podían trabajar.

Aquellas mujeres que lavaban los 365 días del año la ropa traída y llevada por los esportilleros, soportando el frío y la humedad y también las enfermedades infecciosas, transmitidas por la ropa que lavaban de asilos y sanatorios., no cobraban más que dos míseras pesetas al día. En los años en que la reina estuvo en el trono, si alguna vez se necesitaban medicinas en el asilo, María Victoria dal Pozzo della Cisterna las llevaba de la misma farmacia de Palacio.

Y ellas, las lavanderas, fueron las que más cariño y respeto dieron a su reina. Y a la muerte de María Victoria, en el 1876, cuando solo tenía 29 años, recaudaron entre todas el suficiente dinero para comprar y enviar una corona que acompañase el féretro de una reina que veló por ellas y sus hijos. Corona que aún se conserva junto a su tumba en la ciudad de Turín. En ella se puede leer: "En prueba de respetuoso cariño a la memoria de doña María Victoria, las lavanderas de Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante y Tarragona, a tan virtuosa Señora."


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