miércoles, 29 de abril de 2026
El baile de los acebos.
lunes, 27 de abril de 2026
El ruido del arte nuevo: BRIART y la estética de la provocación Jóvenes artistas británicos
En los años 90 del pasado siglo, un grupo de artistas jóvenes en el Reino Unido revolucionó el mundo del arte. Muchos de aquellos creadores habían nacido en los años 60; se da también la circunstancia de que aquellos artistas que, en un principio, no tenían pertenencia a ningún movimiento artístico, en su mayoría tenían un nexo de unión: habían cursado estudios en el londinense Goldsmith Collegue y se habían graduado en la promoción del 88. Fueron los jóvenes artistas de “la clase”. Quizá aquellos jóvenes interiorizaron aquello que se impartía en aquella famosa aula de no dividir las disciplinas artísticas en categorías. Aquellos estudiantes fueron invitados a conocer y trabajar con técnicas mixtas; ellos, los estudiantes, no solo dieron rienda suelta a su imaginación, también buscaron los medios para hacer llegar sus obras al público.
Fue así como, en el 1988, el entonces joven de 23 años, Damien Hirst, que cursaba estudios de segundo en el Goldsmiths, organizó la exposición Freeze. Y aquella convocatoria artística fue visitada por Charles Saatchi, coleccionista y comisario de arte que años después, concretamente en 1992, expuso en una gran nave de miles de metros cuadrados las obras que formaron parte de Freeze. Aquella exposición tuvo por nombre «Jóvenes artistas británicos».
Años después, varios de aquellos artistas, concretamente siete, son miembros de la Royal Academy, y otros, como Damien Hirst, han ganado el prestigioso premio Turner; por cierto, lo ganó con su obra: Mother and Child Divided, una obra donde el artista muestra dentro de dos urnas transparentes a una vaca y un ternero cortados por la mitad y conservados en formol. El artista en estas obra y en otras parecidas no hace una representación del cuerpo, lo muestra; pone al espectador delante de la muerte.
En 1991 muestra la que sería su primera obra de esta serie: “La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo”, que era en sí misma el cadáver de un tiburón dentro de una urna transparente con formol. Entonces, aunque estuvo nominado, no recibió el premio Turner.
También fue polémica la obra titulada The Incredible Journey (El viaje increíble), donde el animal exhibido, con la técnica de los anteriores, era una cebra.
En la misma línea creativa, el autor nos muestra la obra: El becerro dorado, en ella nos presenta a un toro en formol, con cuernos y pezuñas de oro y que fue vendido por 11 millones de euros en 2008.
Y otra obra suya que utiliza animales muertos se llama Cock and Bull; es un toro y sobre él un gallo, ambos conservados en formol en una urna transparente. La obra se instaló, en 2012, en un restaurante londinense.
Y si el artista decidió sumergir en formol animales como toros, tiburones, cerdos gallos y cebras, también buscó innovar con otra técnica que volvió a enfurecer a los defensores de los derechos de los animales. Esto lo hizo con la obra titulada "In and Out of Love" (Dentro y fuera del amor), en la que se estima que murieron alrededor de 9.000 mariposas. La obra consistía en un espacio dividido en dos salas: en una de ellas, se podían observar las mariposas durante su ciclo vital, desde el momento en que comienzan a vivir hasta que mueren. Eran mariposas que volaban libres, que se posaban en las paredes, sobre una mesa o sobre la cámara fotográfica de algún visitante. En la otra sala las mariposas ya no volaban; una vez muertas, el artista las había pegado sobre lienzos. En una de las salas, plantas, frutas y agua azucarada, vuelos y vida; en la otra sala, ceniceros rebosando de colillas y lienzos con muerte.
Al margen del éxito de sus animales en formol, otro trabajo que puede causar asombro es el titulado como The Abyss (El Abismo), donde se colocaron sobre una estantería 8.500 colillas de cigarrillos. Aunque, a mi parecer, lo más asombroso es que la obra se vendiera por 3 millones de dólares.
Y en esa línea está la instalación de Pharmacy (Farmacia), donde se reproduce una farmacia con estanterías llenas de cientos y cientos de medicamentos variados.
Su obra: For the love of God, le ha convertido en el artista vivo con la obra más cara. Por cierto, el título de la obra, que en castellano se traduce como: Por amor de Dios, parece ser que era la frase que utilizaba su madre cuando le preguntaba por sus creaciones, al menos eso contó el artista. Aquel cráneo humano, de un varón de unos 35 años y que vivió en el siglo XVIII, fue recubierto por Hirst por placas de titanio donde incrustó miles de diamantes; concretamente, la cifra superaba los 8.000. La obra se vendió en la primera década de los años 2000 por la nada despreciable cifra de 22 millones de euros. Sin embargo, parece que aquella venta no fue una operación comercial convencional. Se mencionó que la obra fue adquirida por un consorcio que incluía al propio artista, su marchante de entonces, Jay Hopling, y algunos otros socios, y que el importe final fue algo menor al que se había anunciado.
Y claro, si nos alejamos de estas obras polémicas, por el uso de cadáveres, tenemos otras como su serie de círculos de varios colores, Spot Paintings. Aquí el artista nos muestra obras donde el lienzo en blanco recibe en sus esquinas círculos de colores variados, o bien gran cantidad de pequeños círculos coloridos, bien perfectamente alineados o, por el contrario, en completo desorden.
Toca decir que en nuestro país es difícil ver la obra de Hirst, salvo excepciones de alguna galería o ferias como ARCO, pero desde ya nos queda el Museo Guggenheim de Bilbao, donde ya se puede admirar la obra: The Asthmatic Escaped (1992); una de sus famosas vitrinas, donde Hirst coloca objetos tan cotidianos como ropa e incluso un inhalador… Ana Pose
lunes, 20 de abril de 2026
Sujetando el paisaje
Elefante mingorriano
Hoy, en uno de mis paseos habituales, iba pensando en el libro "Estudio sobre la ceguera" de José #Saramago, su relevancia con todo lo que vivimos; y claro, lo leído volvió a resonar en mi cabeza, aquello que escribió Saramago, la importancia de nuestra propia mirada, de nuestra opinión.
Pero una cosa me llevó a otra y enseguida recordé otro de los libros del autor portugués, "El viaje del elefante".
Entonces, me desvié del camino habitual; quería volver a ver mejor al bebé elefante del berrocal cercano. Allí le encontré, a nuestro Salomón mingorriano, descolmillado y con su trompa baja, quizás también pensativo. Recordando quizás el viaje de aquel otro elefante que, en el siglo XVI, partió desde #Portugal, junto con Subhren, su cuidador, camino de #Viena. Y una cosa me llevó a otra, me situé otra vez en #Austria, volví a sentirme en #Demel, la pastelería vienesa, donde se comen las mejores tartas de chocolate...
Porque en esta vida, tal como se nos presenta el hoy, es bonito tener recuerdos, pero también saber vivir el presente. Adaptarse a lo que se puede disfrutar es pura vitamina para sonreír. Hoy tocaba pasear por caminos conocidos, pero no por ello menos inspiradores.
Mañanas frias, chimenas desnudas
Las llamas consumen bosques y ciudades, pero las consignas y la desinformación consumen el pensamiento.
A propósito de lo que se lee y se escucha estos días, cuando España y Francia arden, no tengo por menos que afirm...
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Alfonso J. Ussía, ¿qué tal? Supongo que, a lo mejor, estarás descansando. Algo que deduzco por la hora en la que está escrito tu artículo ...
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Ángeles, entró en el centro comercial; lo hizo con la ilusión de quien por vez primera va a un estreno de teatro. Todo estaba iluminado; ...




