Hoy
me pareció que caminaba sobre un cuaderno de la infancia. No uno
cualquiera, sino de aquellos que llegaron cuando nos sentimos mayores y
dejamos atrás las dos rayas.
Cada
paso despertaba un recuerdo: la vieja cartera, el plumier de madera,
las gomas Milán, los álbumes de cromos, el cabás con termo. Objetos
pequeños que el tiempo volvió invisibles, pero que siguen habitando
algún rincón intacto de la memoria.
Y
entonces me vi a mí misma caminando hacia el futuro que soñaba aquella
niña. Un futuro que hoy es presente bajo mis pies. Camino sobre él
mientras sigo avanzando, porque la vida nunca deja de abrir páginas
nuevas, incluso cuando creemos haber llegado al final de una historia.

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