Frente a mí, una escena gris, un horizonte desdibujado y el mar bordando encajes en la orilla.
Las gaviotas reclaman la atención, nos previenen para que no distraigamos la mirada; de pronto, el color entra en escena, el amarillo se comporta, no como un pigmento, lo hace como una emoción en estado puro.
Allí, ante mis ojos, dos artistas mezclando sus estilos, el impulso frente a la disolución. Apretando uno, extendiendo otro.
Entonces se comprende que la luz no describe el mundo, lo enciende.

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