Ir cumpliendo años, ser ya sexagenarios y formar parte del grupo denominado personas mayores no supone, en la inmensa mayoría de los casos, que nuestras capacidades estén mermadas ni que nuestro entendimiento sea menor hasta el punto de tener que hablarnos con diminutivos.
"Dejé aquí las gafitas" "Es el ojito izquierdo" "Siéntese en la sillita"...
Dejen de infantilizar a las personas mayores. Mi edad no significa que sea necesario cambiar la forma de comunicación verbal.
Las palabras importan. El lenguaje construye la manera en que miramos a los demás. Por eso, hablar con cercanía está bien, pero sin confundir la amabilidad con la infantilización. El respeto también se expresa a través de las palabras.
Escribió el neurólogo y escritor Oliver Sacks:
"No dejamos de crecer porque envejecemos; seguimos creciendo mientras conservemos la curiosidad."
Así que no, no me hablen con diminutivos. Y, si lo hacen, no duden de que corregiré su vocabulario.
Porque la edad añade años a la vida; no resta dignidad, criterio ni capacidad.
Por cierto, hoy, después de casi un año, fueron buenas noticias.
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