Allí estaba Arvi indicando a unos amigos dónde se encuentra un verraco algo disimulado.
¿Quién les iba a decir a los bravos vettones, aquellos que usaban las ya famosas facaltas, que uno de los símbolos de su cultura se iba a encontrar formando parte del muro de una ermita? Han pasado siglos, muchos desde la Edad del Hierro, que es donde se sitúa la cultura de Cogotas, y ahora vemos a ese verraco, allí en lo alto. Se le distinguen las orejas y, viéndole, una piensa: ¿de quién sería la idea de reutilizarle en la construcción de un muro?
Menos mal que no hubo ninguna construcción cerca de los famosísimos 4 Toros de Guisando. Bueno, un inciso, según se sabe, eran cinco las figuras zoomorfas. Allí junto a ellas se firmó el célebre Tratado de Guisando. ¿Os imagináis que hubiesen llegado allí, Enrique IV de Castilla por un lado, y de otro su hermana Isabel, que iba a ser proclamada Princesa de Asturias, y que los verracos no estuvieran? Que fueran parte de una fachada. Buena se hubiese liado si llegan los firmantes y no hay toros. Los partidarios de Isabel (la Católica) inculpando a los que querían como sucesora de Enrique IV a su propia hija, Juana de Trastámara, la que algunos llamaron Beltraneja:
—Que si no queréis que se firme.
—Que si vosotros habéis quitado los toros.
—Que sí...
En fin. Si venís por Ávila, podéis buscar verracos formando parte del cubo de la mula, en el lienzo este de la muralla, y también en el palacio de los Verdugo, y en... A buscar verracos escondidos.

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