Mirase acá o allá, se veían
conjuntos de flores silvestres como si de buqués naturales se
tratase. Y las mariposas, siempre tan inquietas, con prisa por vivir,
iban y venían; imposible que quedasen dentro.
Los campos de
cultivo comienzan a dibujar y pintar de verde el paisaje en
Mingorría; comienzan a ser fuente de inspiración.
Seguramente, si Vincent van Gogh hubiese visitado estos campos de Mingorría, si hubiese visto al cereal mecido por el viento, lo hubiese inmortalizado en alguno de sus óleos.
El pintor comenzó a pintar a una edad avanzada, cuando ya tenía 27 años.
Desde ese momento, y durante 10 años, su obra se convirtió en su pasión; pintaba de forma convulsiva.
Algunos estudiosos de su obra cuentan que hubo etapas en que llegó a pintar dos obras por día.
El clima jamás le alejó de los paisajes; en ellos pintaba, desafiando al viento y plasmándole en sus obras con sus pinceladas yuxtapuestas. Esa forma de pintar impulsiva, y sin importarle las inclemencias meteorológicas, era algo que nunca entendió su amigo y gran pintor, Paul Gauguin, en la corta época en que compartieron vivienda. Etapa que coincidió con el momento en que Vincent se cortó la oreja.
Muchas de sus obras son hoy conocidas por el público. Es el caso de Los girasoles, El dormitorio de Arles, Retrato del doctor Gachet, La Noche estrellada; es esta última obra, de las más famosas. La pintó cuando ya se encontraba en un asilo de Saint-Rémy-de-Provence (Francia).
Allí murió pobre, habiendo vendido tan solo un cuadro de los 900 que pintó.
El gran artista que pintó "Campo de trigo con cipreses", si se hubiese paseado un día de primavera, camino de los Colmenares, hubiese plasmado la escena. Seguramente el título hubiese sido Cereal con encinas al fondo.
En ese óleo, el gran artista holandés hubiera plasmado el paisaje mingorriano como solo él sabía hacer, pintando el paisaje lleno de movimiento.

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