Nubes infladas, esponjosas, con mil matices de color inapreciables, logrando que unas ruinas cobren un protagonismo irrepetible en otros parajes.
Eugène Boudin, el pintor normando y conocido como El rey de los cielos, al ver aquel paisaje en Sayago, no hubiese dudado en sacar su caballete y pintar la comarca zamorana. Aquel día, su paleta de colores serían semejante a cuando pintaba los cielos de Normandía, su tierra.

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