domingo, 8 de febrero de 2026

Camino de los Colmenares, Mingorría

 

 


Hoy el camino era una invitación constante a la parada. El propio sendero, remarcado por macizos vegetales, era en sí mismo hipnotizante.

Y me atrapó la imagen de la siembra, convertida en el marco perfecto para la solitaria amapola y donde el cielo azul reivindicaba su importancia. Reparé en la vaguada; me mantuvo quieta el encuadre, aquellas frágiles flores peleando el protagonismo a la fuerte encina. Como los insectos, también me sentí atraída por las pequeñas flores, por sus formas y colores.

Y acompañándome en el paseo, el silencio, convertido en pentagrama; sobre él se han escrito las notas de la primavera: zumbidos de abejas y abejorros, trinos de pequeños y ágiles pájaros, gorjeos de gorriones y algún chillido de rapaces; al fondo, ya cerca de los Colmenares, algunos mugidos y…

Mañanas para pensar y pensarme, para dar gracias.




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