Hoy, en uno de mis paseos habituales, iba pensando en el libro "Estudio sobre la ceguera" de José Saramago, su relevancia con todo lo que vivimos; y claro, lo leído volvió a resonar en mi cabeza, aquello que escribió Saramago, la importancia de nuestra propia mirada, de nuestra opinión.
Pero una cosa me llevó a otra y enseguida recordé otro de los libros del autor portugués, "El viaje del elefante".
Entonces, me desvié del camino habitual; quería volver a ver mejor al bebé elefante del berrocal cercano. Allí le encontré, a nuestro Salomón mingorriano, descolmillado y con su trompa baja, quizás también pensativo. Recordando quizás el viaje de aquel otro elefante que, en el siglo XVI, partió desde Portugal, junto con Subhren, su cuidador, camino de Viena. Y una cosa me llevó a otra, me situé otra vez en Austria, volví a sentirme en Demel, la pastelería vienesa, donde se comen las mejores tartas de chocolate...
Porque en esta vida, tal como se nos presenta el hoy, es bonito tener recuerdos, pero también saber vivir el presente. Adaptarse a lo que se puede disfrutar es pura vitamina para sonreír. Hoy tocaba pasear por caminos conocidos, pero no por ello menos inspiradores.

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