sábado, 2 de agosto de 2025

El patrimonio que perdemos

 

Nuestro patrimonio. Cómo lo dejamos perder por desidia y falta de interés. Cómo se nos ha sido robado e incluso cómo se ha vendido de forma miserable.

Algún ejemplo, de los muchos que se pueden nombrar del expolio de nuestro patrimonio, es el de la portada de la iglesia fortificada de la ciudad burgalesa de Frías. Actualmente luce en la colección del Museo Metropolitano de Nueva York, en el The Cloisters. Junto a ella se puede leer:

Portal Spain, Castilla-León, antes de 1211

From the main portal of the church of San Vicente Mártir at Frías, near Burgos.

Traducido:

Portada de España. Castilla y León, año 1211

Portada principal de la Iglesia de San Vicente Mártir en Frías, cerca de Burgos.

Pero no, no acaba aquí, en Nueva York también se puede admirar LA REJA DEL CORO DE LA CATEDRAL DE VALLADOLID, de 15 metros de largo por 12 de alto. Fue vendida por el Cabildo a través de su tratante de arte a William Randolph Hearst.

Una auténtica vergüenza. Y hoy, también luce en el Museo Metropolitano de Nueva York, mientras los que visitan el lugar valoran la magnífica labor del herrero Rafael Amezúa; él fue quien la forjó en el año 1763.

¿Os acordáis de la película de Ciudadano Kane, que dirigió Orson Welles? Pues esa película está basada en un magnate de la prensa norteamericana; él era William Randolph Hearst. Él compró la famosa reja; lo hizo al peso; el Cabildo se la vendió como chatarra. Fue un auténtico acaparador de arte que arrasó en Europa y, en algunos países, las autoridades civiles y religiosas se lo ponían mucho, muchísimo más fácil. La famosa reja se la vendió la Iglesia por 80 céntimos el kilo, total 500 pesetas, era octubre de 1957.

William Randolph Hearst también se llevó de nuestro país TODO UN CLAUSTRO del siglo XII. Era el del monasterio cistercense de Santa María La Real de Sacramenia, en Segovia. Se le encaprichó al multimillonario americano que pagó 40.000 dólares por un lote compuesto del claustro, la sala capitular y el refectorio.

Se desmontó piedra a piedra y éstas fueron guardadas en cajas y llevadas en camiones hasta Valencia. Desde la ciudad levantina, aquellas cajas viajaron a la ciudad de Nueva York. Fueron un total de 35.784 piedras previamente numeradas las que cruzaron el Atlántico para satisfacer al multimillonario.

Las piedras habían sido embaladas entre paja y, al llegar a la aduana americana, se obligó a que las cajas permanecieran en cuarentena. Una cuarentena que se alargó por años, desde 1929 hasta 1952, año en que el lote de cajas fue comprado. Poco le había importado al avaro Randolph Hearst la Gran Depresión del 29. Tampoco le preocupó tener que tener arrinconadas en un almacén las cajas del claustro comprado. Compraba por acaparar, sin saber ni lo que tenía. Ahora, se puede volver a admirar, está reconstruido piedra a piedra, pero está en Miami Beach, Florida. Se utiliza como un salón de celebraciones y banquetes de boda. Lo bautizaron con el nombre de Monasterio de San Bernardo de Claraval. En fin…

El magnate americano compró también partes del castillo de Benavente. Otro monasterio cisterciense, esta vez el de Óvila en la provincia de Guadalajara…

También en el Museo Metropolitano de Nueva York se encuentra el ábside románico de la iglesia de San Martín de Fuentidueña. Pinturas de San Baudelio de Berlanga, en Soria. Las esculturas de la iglesia de Nuestra Señora de la Llana de Cerezo de Riotirón, en Burgos. También fue saqueado el monasterio burgalés de Arlanza; esta vez esa portada románica está más cerca, en el Museo Arqueológico de Madrid. En el museo de la Universidad de Harvard se exponen pinturas murales del monasterio. Otras de las pinturas están en el Museo de Arte de Cataluña. El sepulcro románico de Mudarra, héroe de Los siete infantes de Lara, se llevó a Burgos. Todos sus pergaminos se han evaporado; están repartidos en colecciones privadas. Quedan para la contemplación las ruinas del poderoso Monasterio de San Pedro de Arlanza, mandado construir en el siglo X por el conde Gonzalo Fernández. Allí, entre sus paredes, se firmaron documentos de la historia de nuestro país, pero parece que a nadie le importa. Los políticos y religiosos han preferido el desmantelamiento, la venta a precio de saldo de un patrimonio de un valor incalculable, todo menos invertir en restaurar.


Y si hablamos de robos, hablemos de no hace tanto, por ejemplo, en 2012 fue sonado el robo de cuatro columnas con sus bases y capiteles del pórtico de la iglesia románica de Nuestra Sra. de la Asunción de Osonilla, donde viven tan solo 3 vecinos. También en la parroquia del siglo XII de San Juan Bautista de Arganza se robó una columna y un capitel. Este pequeño pueblo está también casi deshabitado…

El ya muerto, desde el año 2020, Erik el Belga realizó en nuestro país más de 600 robos en ermitas, iglesias y monasterios. Este personaje se jactaba en las entrevistas de decir: “He robado más de 6.000 obras: retablos, tallas, tapices, cuadros, orfebrería, libros, algunas de un valor incalculable”. Pero no se nos debe olvidar que robaba porque existía y existe un mercado que compraba y sigue comprando. Él era un ladrón y los que encargaban los robos o compraban lo robado, otros ladrones. Tanto Erik como sus clientes nos robaban a todos y cada uno de los ciudadanos de este país.

En fin, que mientras los claustros de nuestro patrimonio han navegado o están en entredicho como el famoso de Palomos… Aquel que saltó a la fama en 2012. Se trataba de un claustro románico del siglo XII que estaba dentro de una finca privada de Gerona y que, según algunos expertos, pertenecía a la Catedral Vieja de Salamanca. La investigación de un historiador desvelaría que ese claustro pertenecía a Salamanca y a todos y cada uno de los ciudadanos de este país. Eso sí, nos enteramos de que antes que en Palamós estuvo en casa de una marquesa en el barrio de Ciudad Lineal en Madrid. El 23 de julio de 1958 se realizó el contrato de compraventa por un millón de pesetas, por el cual Hans Engelhorn, antepasado del actual propietario, adquiría el conjunto arquitectónico. El claustro volvió a ser numerado, desmontado y transportado en camiones desde Madrid a Palamós. Se pidió que se autentificara a principios de los años 60 a una experta de arte europeo en el Metropolitan de Nueva York que, a través de fotos, declaró que no era verdadero. Y es que donde esté una buena foto, que se quite una investigación a pie de piedra, eso lo sabe todo el mundo. Lo saben hasta en la Diócesis de Salamanca, que dicen que ellos pasaban por allí y que no saben, que para eso están los expertos.


Y así seguimos… Con una España que vacían, donde es imposible custodiar toda su riqueza patrimonial. Estoy pensando que cuando hemos visitado lugares como, por ejemplo, San Pantaleón de Losa, suelo comentar lo expuesto que está el arte en nuestro país. Poco importa su correcta conservación, que poco se intenta conservar portadas como la de la iglesia mencionada, donde en su portada sobresale su inmenso atlante.

Y es que poblaciones con menos de 20 o 10 vecinos que vivan todo el año de forma habitual, la mayoría de ellos ya muy mayores, se vacían de vida y se exponen a que el patrimonio de todos se siga perdiendo. Casas blasonadas que se derrumban, castillos a los que se les van derrumbando sus paredes, cayendo unas piedras sobre otras, amontonándose en el mejor de los casos y en otros, formando parte de muros, más o menos lejanos.


Recuerdo ahora la mayor fortaleza musulmana de Europa, que está en Gormaz y… Sobrevive el perímetro a base de parches, pero estos llegaron cuando su derrumbe era prácticamente total. Una auténtica pena ver el estado en que se encuentra.

Por no hablar de cómo se encuentra la Iglesia de Valpuesta, a día de hoy, de la que podemos decir que es el lugar donde se hallaron los Cartularios de Valpuesta del siglo IX; se está cayendo literalmente. Y es un lugar del que, ahora sí, se afirma que es donde se escribieron las primeras letras en romance y que serían la base del castellano. Con permiso de San Millán de la Cogolla. En 2020 era de vergüenza ver el estado de la iglesia. Su retablo, del mismo autor que hizo el de la catedral de Burgos y con figuras del mismo tamaño y valor, se encuentra prácticamente sepultado por el polvo de varios siglos que ahoga la pintura que cubre las fantásticas imágenes.


Viajar nos llena de alegría la mayoría de las veces; otras, por el contrario, no causa un inmenso cabreo. Aun así, somos un país con mucho patrimonio histórico y de carácter religioso y nos corresponde defenderlo no solo del robo, también del mal hacer de algunos políticos, de la avaricia de millonarios sin escrúpulos, del robo y del vandalismo de gente ignorante.

Frente a un tipo de turismo de playa y chiringuitos que intentan atraer algunas ciudades y pueblos, existe un turismo cultural que desea viajar, por ejemplo, a la Colegiata de Cervatos, en Cantabria, para admirar la que se ha dado en llamar la catedral europea del arte erótico en una construcción románica. Viajeros interesados en saber cómo funcionaban los antiguos batanes movidos por agua y que hacían que mantas y capas tuvieran la textura necesaria para combatir el frío.

Allí, en aquellos batanes, estaban los tejidos siendo, de alguna forma, apelados durante más de 30 horas. Se les daba la vuelta en más de tres ocasiones y, al final del proceso, la prenda en sí había encogido y se quedaba en una tercera parte; era ya una manta. Por cierto, en el Quijote se habla de este proceso y de cómo el hidalgo y su fiel escudero Sancho estuvieron toda una noche en vilo porque escuchaban golpes y más golpes y no sabían a qué se debía semejante ruido. Resultó que eran seis batanes trabajando. El susto se lo llevaron ellos; Cervantes nos contó a sus lectores cómo los batanes no paran de golpear las prendas ni de día ni de noche. Sin embargo, hoy pocos viajeros pueden descubrir lugares donde estos artilugios estuvieran funcionando.

Por no hablar de algo más reciente como es el Pozo Ibarra en la cuenca minera del Gordón en León. Cuando visitas el pozo minero y ves allí el antiguo castillete, oxidado; las construcciones abandonadas hace pocos años y ya derrumbadas. La maquinaria oxidada, los carriles de las vías por donde circulaban las vagonetas arrancados… Un lugar que podría generar una gran riqueza a una comarca llegada por las visitas turísticas se ha convertido en una ruina.

Una pena cómo nos castigan o nos castigamos cuando no somos capaces de decir alto y claro. ¡Cuiden de nuestro patrimonio! Legislen e impidan que la desidia acabe con siglos de historia.

NOTA:

En Madrid podemos admirar el Templo de Debod, situado en lo que antes fue el Cuartel de la Montaña. En este caso fue el Gobierno de Egipto quien regaló este templo a nuestro país, en señal de agradecimiento, por la colaboración que, junto a otros países, hicieron posible salvar los templos de Nubia. Por cierto, templos que podrían desaparecer con la construcción de la presa de Asuán.

En París, en la plaza de la Concordia, luce el Obelisco traído también desde Egipto y que pertenecía al Templo de Luxor. Por cierto, el presidente francés Mitterrand devolvió a Egipto un segundo obelisco durante su primer mandato.

En fin…



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