sábado, 2 de agosto de 2025

Forasteros

 

Tiempo de forasteros.

Aquella tarde, en aquel pueblo, nada era distinto a otras tardes pasadas.

Bueno, algo sí había cambiado; aquel día la mirada de Eugenia estaba fija, miraba hacia abajo. Aquella tarde, sentada en aquel banco, frente a su casa, no miraba la esquina. Y era raro; para Eugenia aquella esquina era una ventana a otras realidades; por ella veía pasar alegrías y abrazos que compartían penas.

Por un momento, Eugenia, sin levantar la vista, comenzó a apretarse las manos, cerró los ojos y suspiró. Rompiendo su rutina, se levantó y caminó los diez pasos que la separaban de la puerta de su casa. Ladeó la cortina y, cerrando la puerta, dejó atrás la calle. Ya en la cocina, apoyó su cuerpo sobre la encimera y, por un instante, levantó la cabeza, miró la pared alicatada como si de una obra impresionista se tratara. El albar del alicatado se había teñido. Eugenia no lograba ver ese blanco inmaculado. "Rojo sobre negro en una tarde definitiva" le hubiera titulado.

Nadie más vería salir a Eugenia el resto del día.

Nadie volvió a ver a Eugenia. Nadie preguntó por ella.

Y un buen día, una joven que regresaba a su pueblo preguntó por aquella vieja, la que se sentaba frente a su casa con una sonrisa ahogada. A la que vio una noche abrir la puerta y sacar una pequeña maleta que colocaba en la acera, junto a la puerta que cerró despacio, dando todas las vueltas posibles a la llave. La joven no supo que no cerraba la casa, cerraba la historia.

Nadie en el pueblo pudo decirle a esa joven dónde estaba aquella mujer, la que durante años miraba en soledad la esquina de vida mientras permanecía sentada.

Solo escuchó a una vecina decir: "No era del pueblo. Un día llegó y ella sabrá dónde ha ido; ya sabemos cómo son los forasteros".

¿Y cómo son los forasteros? —preguntó aquella joven mientras avanzaba hacia la puerta, dándose cuenta de que, aquella noche, ella tampoco habló a la mujer que nunca fue del pueblo.

Las soledades apresan sentimientos, obligan a cogerse las propias manos y, a veces, impulsan decisiones.


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