¿Quiénes eran en Francia la maîtresse-en-titre? O lo que es lo mismo, las amantes titulares. Fue este un calificativo que comenzó a ser utilizado con Enrique IV, finalizando su uso en la etapa final del Antiguo Régimen.
La “amante titular”, la favorita, era necesario que tuviese título nobiliario. El rey compaginaba a la titular con otras amantes; estas últimas no disfrutaban de ninguno de los privilegios y derechos que tenía la favorita, tales como tener, reconocimiento por parte de la Corte, disponer de una estancia oficial dentro del propio palacio de Versalles, tener una asignación económica...
Sin duda, fueron mujeres influyentes en la monarquía francesa, unas más que otras. Quizás más influyentes que lo podían ser las propias reinas. Es necesario tener en cuenta que muchas reinas eran extranjeras, lo que añadía un plus de desconfianza hacia ellas. Por tanto, era algo normal que muchos de los derechos que les eran negados a las reinas se les concedieran a la favorita de turno.
A todos nos suena el nombre de Madame de Pompadour; sin embargo, a la mayoría de nosotros no nos es familiar el nombre de Marie Leczinska, siendo esta última la esposa de Luis XV y, por tanto, la reina de Francia. Y Madame de Pompadour, tan solo la favorita del rey.
Para llegar hasta ese estatus de favorita, la madre de Jeanne Antoinette Poisson, que así se llamaba de niña Madame Pompadour, la educó para ser una reina. Aun siendo plebeya.
Se dice que, en algún momento, una pitonisa que frecuentaba la madre de Jeanne le dijo a esta que la niña llegaría a “gobernar el corazón de un rey”. Eso le bastó a la madre para incluso comenzar a llamar a la pequeña, que aún no tenía ni diez años, "Reinette", o sea, traducido, pequeña reina.
Desde aquel momento, la niña fue educada, por su tutor, para brillar entre la nobleza. Aprendió a hablar, a bailar, a dibujar…
Llegado el momento, el que fuera su tutor formalizó el matrimonio de ella con su único hijo y, por tanto, también, su único heredero.
Aquel matrimonio permitió que aquella joven, ya convertida en Madame d’Étiolles, comenzara a frecuentar y también organizar fiestas con lo más selecto de París.
En una de esas fiestas coincidió con el mismísimo rey de Francia, con Luis XV, que, por aquella época, estaba sin favorita. Marie Anne de Mailly, duquesa de Châteauroux, había fallecido. Por tanto, el título de maîtresse-en-titre estaba desierto. Estaba a punto de cumplirse la predicción de la pitonisa.
Y aunque el puesto de favorita estaba libre, el rey tuvo que nombrar, previamente, a Jeanne marquesa. Era este, como ya dije anteriormente, un paso necesario; solo las aristócratas podían acceder a ser la amante oficial del rey. ¡Que siempre hubo clases!
La joven, ya convertida en marquesa de Pompadour, se instaló en el hogar del rey de Francia, en el Palacio de Versalles.
Previamente, se había separado de su marido; con él había tenido dos hijos: el primero murió a los pocos días de nacer; la niña, que nació con posterioridad, moriría a la edad de diez años.
Durante veinte años, la bella e inteligente Jeanne-Antoinette Poisson, o sea, Madame de Pompadour, ejerció un poder real sobre la Corte de Luis XV, rey de Francia y Navarra. Y que era conocido con el sobrenombre de “Bien amado”, por el cariño que le demostraba el pueblo en los primeros años de su reinado, cariño que fue acabándose con el paso del tiempo.
Madame de Pompadour fue mecenas de artistas y contribuyó a que la capital francesa se convirtiera en una importante capital artística. También ayudó a escritores y fue el motor que impulsó la Enciclopedia de Diderot. Un diccionario de las ciencias, las artes y los oficios. A ella también le debemos la que hoy se conoce en París como la plaza de la Concordia. Y fue además la impulsora de la fábrica de porcelana, Manufacturas de Vincennes, en Sèvres. En aquella fábrica nació el color rosa Pompadour.
Algunas fuentes hablan de que la favorita, que ya había tenido tres abortos, comenzó a tener problemas de salud. Aquello llevó al rey a no querer mantener relaciones íntimas con la que había sido hasta entonces su amante preferida. No quería perjudicar su salud.
Con el paso de los años, el deseo fue dando paso a la amistad, tanto que era ella la encargada de buscar, a su ya buen amigo, las amantes reales.
Murió joven, a los 42 años, y tan solo un año después de acabada la Guerra de los Siete Años. Una guerra que le creó demasiados enemigos en Versalles.
Ella había jugado un papel decisivo en la firma del primer Tratado de Versalles. Un tratado que acabaría con la guerra de los Siete Años. Sin embargo, aquella firma entre Luis XV y el entonces canciller de Austria, el conde de Kaunitz, fue la principal causa de que la favorita acabara completamente sola en Versalles. Tras la derrota de Francia en aquella guerra, ya no le quedaban apoyos.
Por cierto, en agradecimiento a los servicios prestados al país y al rey, este le regaló lo que hoy es el domicilio oficial del presidente de la República Francesa, el mismísimo Palacio del Elíseo. ¡Eso sí es poner un piso!
A la marquesa de Pompadour le sucedió Madame du Barry. Ya lo dice el dicho: a favorita muerta, favorita puesta.
Lo cierto es que a un rey, del que se dice que tenía inclinaciones homosexuales, se le conocen muchas amantes y favoritas; con ellas tuvo una larga lista de hijos ilegítimos.
Se tiene constancia de doce hijos ilegítimos, fruto de su relación con al menos ocho amantes distintas. El primero de todos fue el apodado “Medio Luis”, Carlos Emanuel de Vintiille; después nacerían once más. El último, de una lista de la que se tiene constancia, fue Charles Louis Cadet, que fue nombrado Caballero del Imperio.
Y, ¿cómo acabar sin decir que la reina de Francia, de origen polaco, Marie Leczinska, que se había casado con Luis XV cuando ella tenía 22 años y él 15, había desbancado del puesto de reina de Francia a la española Mariana Victoria, hija mayor de Felipe V y de Isabel de Farnesio, la que fuera su segunda esposa una vez que quedó viudo?
La reina, que había pasado años abortando y pariendo, hasta once hijos tuvo, dijo, cuando su salud se había deteriorado en exceso: ¡BASTA!
No estaba dispuesta a seguir aguantando a un marido que solo visitaba sus aposentos para embarazarla. Decidió entonces dedicarse a obras de caridad y refugiarse en la religión. Y mantuvo con Madame de Pompadour una buena relación, quizás porque la favorita no había querido ser dama de la reina.
Que ya es tener mala idea, que además de conocer a las amantes de tu marido, de que tengan apartamento en el domicilio conyugal, que encima la maîtresse-en-titre tuviera que ser tu dama de compañía.
Por último, cuando os toméis champán, la bebida preferida de la favorita Pompadour, y lo hagáis en una copa de champán de boca ancha y cáliz bajo, pensad que la primera copa con ese diseño fue modelada basándose en la forma del pecho perfecto de Madame de Pompadour.
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