domingo, 8 de junio de 2025

Felipe de Anjou, nieto del rey Sol, reinó en España

 

Corría el año 1700 cuando, Carlos II, último rey de los Austrias, moría sin descendencia. Pero, el conocido como rey Sol, Luis XIV, desde Francia movía los hilos para que la dinastía de los Borbones comenzara su reinado en España. Fue así como su nieto, Felipe de Anjou, fue declarado Rey de España.

Un destino, ejercer de rey, para el que Felipe V, no había sido preparado, ni educado. Menos aun para reinar en España, por no conocer, no conocía ni el idioma. Para su elección Luis XIV puso sobre la mesa que era nieto de la hermana mayor de Carlos II, María Teresa de Austria.

Y es que, José Fernando de Baviera, que había sido el elegido por Carlos II como su sucesor, y que podría seguir con la dinastía de los Austria, había fallecido.

Cuando llego aquí un joven de 17 años, bien parecido, rubio, con ojos azules, de aspecto atletico, debió ser como una ráfaga de aire fresco, no debemos de olvidad que Carlos II era un hombre con apariencia enfermiza, algo deforme y que tenia un rostro, ¿cómo decirlo? desafortunado.

Fijo la residencia en Madrid, en el ya desaparecido Palacio del Retiro, por cierto, palacio y jardines en los cuales la Corte Francesa se fijó para la construcción del Palacio del Versalles, donde, por cierto, lo decoraron con muchos espejos y pan de oro y ni un solo cuarto de baño. Asi era la Corte francesa en aquellos tiempos.

Pasados los años, al apuesto Felipe V, que tenia la melancolía como compañera, se le comenzó a llamar el Animoso. Este cambio de animo comenzó a pasar tras su participación directa en la Guerra de Sucesión, en ella participó liderando el ejercito en el campo de batalla, a favor de los Borbones y en contra de los partidarios de los Austrias. Con los años, acabada la Guerra, volvió a su estado melancólico.

Sus años de gobierno fueron, en su mayoría, por delegación, sobro todo cuando ya estaba casado con su segunda mujer, Isabel de Farnesio en la que delegó muchas de sus funciones y ella firmaba los documentos oficiales como: “El rey y yo”. Pareciera que él fuera el consorte real, ya que el poder lo ejercía Isabel, aquella mujer ia la que creyeron ideal para esposa del rey con la frase: “Solo ha oído hablar de religión y de bordados". Resultó que la italiana sabia algo mas que de oraciones e hilos.

Con los años, sus miedos se multiplicaron, miedo a que le envenenaran, miedo al castigo divino y al infierno por sus desenfrenos sexuales. Lo cierto es que el rey, sufría cierto desorden mental. Por ejemplo, sufría el síndrome de Cotard que le hacía pensar que estaba muerto por días.

En otras ocasiones, y durante días no se cambiaba de ropa, tampoco se aseaba, sin duda su olor corporal comenzó a ser su perfume personal.

Recién cumplidos los cuarenta años, firmó la abdicación en favor de su hijo Luis I, al que llamaron el Breve, haciendo honor al tiempo que duró su reinado. El nuevo rey murió a los meses de viruela y Felipe V volvió al trono.

En esta segunda época de su reinado la depresión se agudizo, durante tiempo no se le veía en el palacio donde vivía, por años, en el Alcazar de Sevilla. Allí permanecía encerrado en sus aposentos, cumpliéndose así la orden dada por su mujer. Es de imaginar que intentaba mantener en la intimidad las “locuras” del Rey.

Algunos días, gritaba que había quedado mutilado y que sus piernas no estaban en su cuerpo, otras veces le faltaba el hígado u otro órgano, y por días volvía a creerse muerto.

En más de una ocasión Felipe V, desnudo y a cuatro patas, recorría los aposentos reales, creyéndose una rana.

Cuando finalizo su estancia en Sevilla, y ya de vuelta en Madrid, parecía que su salud mejoraba. Se dice que le ayudo la música, pero la mejoría no duro mucho, enseguida volvieron los miedos, y las situaciones comprometidas.

¿Quien reino? Sin duda, en la ultima parte de su reinado su segunda esposa.

Y yo pienso, que por menos, se encerró a la Reina Juana I de Castilla durante 46 años y recibió el calificativo de Loca. En fin...




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