domingo, 8 de junio de 2025

Mascaras picudas en tiempos de peste

 

Si ha habido una enfermedad mortífera en la historia de la humanidad, esta es la Peste Negra. Primero lo fue en el siglo VII, tiempos del emperador Justiniano.

En su día, la peste negra fue la enfermedad más temida del mundo. Fue capaz de aniquilar a cientos de millones de personas en una pandemia global aparentemente imparable y sus víctimas sufrieron una hinchazón dolorosa de los nodos linfáticos, ennegrecimiento de la piel y otros síntomas terribles.

En la Europa del siglo XVII, los médicos que atendían a las víctimas de la peste llevaban un atuendo que desde entonces ha adquirido connotaciones siniestras: se tapaban de pies a cabeza y llevaban una máscara picuda. El motivo de la existencia de estas máscaras picudas para la peste era una idea falsa sobre la mismísima naturaleza de esta enfermedad peligrosa.

Durante los brotes de peste bubónica de aquel periodo (una pandemia que se repitió en Europa durante siglos), las ciudades afligidas por la enfermedad contrataron a médicos de la peste negra que practicaban algo que se hacía pasar por medicina cuando atendían a residentes ricos y pobres por igual. Estos galenos prescribían lo que consideraban brebajes protectores y antídotos de la peste, registraban testamentos y llevaban a cabo autopsias, y algunos lo hacían llevando las máscaras picudas.

El uniforme se le suele atribuir a Charles de Lorme, un facultativo que atendió las necesidades médicas de muchos miembros de la realeza europea durante el siglo XVII, entre ellos

el rey Luis XIII y Gaston d’Orléans, hijo de María de Médici. Describió un atuendo que incluía un abrigo cubierto de cera aromática, los calzones metidos en las botas, la camisa metida en el pantalón y un sombrero y unos guantes hechos de cuero de cabra. Los médicos de la peste negra llevaban una vara con la que podían tocar a (o defenderse de) las víctimas.

El sombrero era particularmente inusual: los médicos de la peste negra llevaban anteojos y una máscara con una nariz de «15 centímetros, en forma de pico de ave, llena de perfume y con solo dos agujeros, uno a cada lado de las fosas nasales, pero que era suficiente para respirar y transportar en el aire que se respira la impresión de las [hierbas] colocadas en la punta del pico», continuó de Lorme.

Aunque los médicos de la peste de toda Europa llevaban estos atuendos, el aspecto era tan emblemático que en Italia el «médico de la peste» se convirtió en un personaje básico de la commedia dell'arte y las celebraciones carnavalescas y sigue siendo un disfraz popular en la actualidad.


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