domingo, 8 de junio de 2025

Van Gogh y el color amarillo

 


¿Había alguna causa, que no fuese solo artística, para que las pinturas de Van Gogh tengan tantos colores llamativos? ¿Quién no recuerda la serie llamada Los girasoles? Uno de aquellos cuadros de girasoles fue comprado por 28 millones de euros. Varios de esos cuadros de la colección Girasoles fueron regalados a Paul Gauguin. Ese amigo con el que vivió en la casa amarilla de Arles y, en la que se dice, que se cortó la oreja tras una discusión entre ambos pintores.

Vicent Van Gogh tan solo pintó 10 años, desde que cumplió 27 hasta su muerte con 37 años, pero en esos años pintó compulsivamente; hasta 900 obras llevaron su firma. En muchos de aquellos cuadros pintados resaltaba el color amarillo, un color que fue posible tras la utilización de un nuevo pigmento que se comenzó a usar en el siglo XIX, el amarillo cromo, un color brillante que daba una luz especial a los cuadros.

Pero, ¿qué llevaba a Vicent a utilizar tanto el amarillo? Algunos estudiosos de su obra afirman que esa predilección por el amarillo podría estar relacionada con la enfermedad maníaco-depresiva que sufría el artista. Una enfermedad que en aquellos años se trataba con la llamada Digitalis purpurea; el pintor la tomaba de forma cotidiana porque le proporcionaba momentos de calma, por los efectos sedantes de la medicación. Esa medicación que tomaba el pintor pudo causar una intoxicación y que el pintor desarrollara la xantopsia, lo que suponía que los colores fuesen percibidos de forma alterada, algo que ya advertían algunos doctores. La xantopsia provocaba que el color blanco se confundiera con el amarillo, así como el azul con el color verde.

El pintor de la maravillosa obra La noche estrellada, que pintó durante su encierro en el hospital psiquiátrico en Saint-Rémy, también se pintó a él mismo en multitud de cuadros, pero, en este caso, era por su extrema pobreza y falta de recursos para pagar a modelos. No se nos puede olvidar que el gran Vincent solo vendió un cuadro de su extensa obra.

Así que hoy, a pocos días de que dé comienzo ARCO, por cierto con precios de entrada superiores a los 50 euros, he querido hablar de pintura.

Y aprovecho para recordar a Juana de Aizpuru, la famosa galerista que fue el germen que consiguió que el arte contemporáneo en nuestro país se popularizara. Si bien fue en 1982 cuando pudimos visitar la primera Exposición de ARCO, esta feria se comenzó a fraguar en 1979, en una comida en el famoso restaurante sevillano El Burladero. Desde su inauguración, se colgaron en paredes obras de: Picasso, Chillida, Tàpies, Barceló… Pero de ARCO hablaré en otro momento. Por cierto, 200 pesetas me costó la entrada al ARCO del 82.




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