Versalles fue la residencia de los reyes franceses Luis XIV, Luis XV y Luis XVI. Con anterioridad, los reyes tenían su residencia en lo que actualmente es el museo del Louvre.
Versalles, un inmenso lugar donde también está la posibilidad de construir estancias para “Las Favoritas” o lo que es lo mismo, las amantes oficiales; es el caso del Pequeño Trianon, construido para la favorita del rey Luis XV, la conocida como Madame de Pompadour. Una residencia que, pasados los años, fue residencia de la reina María Antonieta.
También fue Versalles residencia del emperador Napoleón. Lugar para actos diplomáticos y residencia para los dirigentes de otros países que visitaban la capital francesa.
Pero, en este martes con historia, vamos a hablar de ese Versalles que, en tiempos de Luis XIV, el llamado el Rey Sol, se convirtió en una residencia palaciega donde también vivía la Corte. Los residentes se contaban por miles; no solo los miles de nobles, también sus sirvientes y los propios trabajadores de las dependencias reales. En sus 2.300 estancias no había ningún baño y, lo que se dice orinales, no había para los miles de residentes que allí vivían. Por cierto, esas más de 2000 estancias, hubo un tiempo en que fueron ampliadas de forma ilegal. Los nobles de menos prestigio construyeron, en sus ya reducidos aposentos, entreplantas donde dormían sus criados. Aposentos que no tenían ni siquiera cocina y, muchas veces, no se les había permitido ni colocar una pequeña estufa para combatir el frío.
Muchas aristócratas tenían un criado a su disposición que cumplía la función de vaciar los pocos orinales con que contaban las dependencias de Versalles. Por cierto, muchas mujeres aristócratas siempre se desplazaban por Versalles con su propio criado; él era el encargado de llevar la bassin o palangana, que eran usadas como orinales, y tan solo era necesario meterlas bajo las faldas, allí donde apretaban las ganas. Iban camufladas aquellas palanganas, para su transporte, en un libro falso que se titulaba Voyage aux Pays-Bas, o sea, Viaje a los Países Bajos. Seguramente una forma irónica de mandar a la mierda a los enemigos de aquella época, en la que Francia y los Países Bajos estaban en guerra. Los hombres cortesanos podían mear en cualquier rincón, normalmente en los patios y, a veces, si la prisa apremiaba, escondidos tras unas cortinas. El rey disponía de su famoso chaise percée, su retrete particular, y algunos aristócratas e íntimos del rey podían estar presentes mientras el rey permanecía sentado para aliviar sus intestinos. ¡Cosas de palacio!
Para entender un Versalles sin baños, hay que remontarse a la mortífera epidemia de peste que había asolado Francia y que fue la causa de miles y miles de muertes. Aquella epidemia hizo que el agua pasase a ser un elemento al que temer. En muchos palacios, donde antes había bañeras, estas fueron quitadas. En el siglo XVII y casi hasta finales del siglo XVIII, el agua en Francia era un enemigo, y si era caliente, aún más. Se creía que bañarse o lavarse provocaba que los poros de la piel, al abrirse, se convirtiesen en una vía para que entrasen en el cuerpo las enfermedades. Durante esos siglos no se daba importancia al aseo del cuerpo, pero en aquellas Cortes, reyes y cortesanos se cambiaban de ropa interior con asiduidad y, en muchas ocasiones, varias veces al día. El mal olor se combatía con perfumes muy intensos. Se llegó a conocer a Versalles como “La Corte Perfumada”. Perfumes que en muchos casos se personalizaban, como es el caso del que usaba la reina María Antonieta; era un perfume de mil flores, como la miel. Flores que se recogían durante todas las estaciones del año.
Por cierto, aquella ropa interior que se usaba era muy holgada, tipo camisón, tanto para hombres como para mujeres; su cuello y puños estaban finamente bordados, por ello se dejaban ver; era un signo de poderío. Algo que se puede observar en algunas pinturas de aquella época. También, en muchas pinturas, se observa que cortesanos y aristócratas permanecen con las bocas cerradas. Se les pintaba así porque su higiene bucal tampoco era buena, algo que provocaba que, aun siendo jóvenes, se perdieran dientes y muelas o estuviera parte de la dentadura negra por las caries.
Es de suponer el mal olor que desprendía Versalles y del que se hablaba no solo en Francia; era un olor nauseabundo. Orinales y palanganas que cumplían la misma función habían sido vaciadas en las fosas que se llenaban y tenían que ser vaciadas varias veces al año. Pero esas fosas eran una fuente de infección, contaminaban los acuíferos cercanos, algo que provocaba diarreas al beber agua, lo que llevaba a quitarse la sed con otro tipo de bebidas, siempre que fuese posible. Contaminación del agua que provocaba más miedo al líquido elemento.
Sería ya en tiempos de Luis XVI y María Antonieta que las bañeras comenzaran a volver a Versalles, concretamente al palacio de la reina, el que había sido residencia de Madame Pompidour.
Y casi se me pasa hablar de las pelucas, esas que escondían las calvicies, muchas veces fruto de la poca higiene y los muchos piojos. Pelucas que, como ya escribí en otro relato de la historia, a veces hacían falta de una escalera para poder ser colocadas. ¿Quién no recuerda la imagen de reinas francesas con pelucas que parecían tener hasta ático?
Antes de acabar, decir que en los jardines de Versalles, fuentes o cualquier otro elemento decorativo están situados siempre a la misma distancia, 300 metros, algo que hace posible que el ojo humano vea el lugar como un lugar infinito. Ese recurso visual, el de los 300 metros, también se usó en los jardines de la Granja de San Ildefonso en Segovia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario