Los chinos en el siglo VI con una varilla y un poco de azufre casi podríamos decir que habían inventado la cerilla, pero no.
Tendría que llegar la última parte del siglo XVII para que el físico inglés Robert Boyle, bueno, más bien un ayudante suyo, Godfrey Haukewitz, casi inventara la cerilla. Solo fue un casi con un olor muy pestilente.
Al primer fósforo moderno le podemos poner fecha, año 1805. En ese año, un químico francés, K. Chancel, sí sería el inventor de la cerilla; eso sí, no como la conocemos ahora.
Sería un 7 de abril de 1827 cuando se pondría a la venta la primera caja de cerillas de la historia. Se puso a la venta en la farmacia de Stockton-on-Tees (Inglaterra), propiedad del boticario John Walker; fue la primera caja de cerillas por fricción con fósforo de la historia.
Samuel Jones vio el potencial de este producto al que llamó “cerillas lucifer” o “lucíferos”. Tras patentar el invento, empezó a vender los palillos dentro de una pequeña ampolla de cristal hermética en cuyo interior se introducía ácido sulfúrico concentrado. La primera caja de cerillas la podemos fechar en 1836, con la primera fábrica en Estocolmo, y siguió en 1844 con el invento del profesor sueco Gustav Eric Pasch: una superficie de rascado en el exterior de la caja.
En 1865, el ingeniero Alexander Lagerman creó la primera máquina automática de fabricación de fósforos. El éxito de estos fósforos traspasó las fronteras de su fábrica en Suecia.
En España, los fósforos fueron un monopolio del Estado desde 1892 hasta 1956. Fue en ese 1956 cuando se crea Fosforera Española, que se convirtió en líder del mercado nacional. La primera fábrica española, aun con marcado carácter artesanal, estuvo en Fuenterrabía.
Como nota, en España los fósforos estuvieron prohibidos por peligrosos hasta el año 1826. Así que fuimos los primeros en traer al continente europeo el tabaco, pero el invento para encenderlo fue de otros y su uso estuvo prohibido. Así fue como las humildes cerillas pasaron a ser un objeto de contrabando en nuestra madre patria.
¿Y qué decir de las cerilleras/os? Aquellos trabajadores que con la caja colgada sobre su cuello brindaban sus artículos en cafés, cabarets, soportales, teatros… Formaban parte de la imagen bohemia, junto a escritores, toreros, contertulios, vividores y gentes que solo pasaban por allí. Cigarros, puros, cerillas y sal, todo para el cliente, incluso para aquellos a los que había que fiar, fiar porque sus cuadros no se vendían, sus artículos no se publicaban o la asignación paternal no llegaba.
¿Quién de los que me leen con cierta edad no ha apuntado un teléfono en la solapa de una cartera de cerillas? Sí, sí, esas que llevaban la publicidad de la discoteca, el bar o el restaurante. Feliz semana.
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