domingo, 8 de junio de 2025

Egeria, la viajera española del siglo IV.

 

No es la primera vez que hablo de Egeria, sin duda la primera viajera española. Hace ya 1.500 años que comenzó su aventura partiendo desde el Bierzo, por aquel entonces perteneciente a Gallaecia, y que al llegar a orilla del rio Jordan escribiera en su “diario de viaje”: “Como soy un poco curiosa, pregunté enseguida qué valle era aquel para que un santo monje hubiera plantado allí su eremitorio”.

Se le ha llamado la monja gallega, si bien en aquella época no existían aún congregaciones de monjas; bien es cierto que era una mujer inquieta que durante tres años recorrió más de 5.000 kilómetros pasando por Turquía, Siria, Egipto o Palestina y que el viaje lo documentó. Podemos decir que se adelantó 1.500 años a los blogs viajeros.

Egeria no viajaba sola; lo hacía acompañada de sirvientes y escoltas, por lo que su condición debía ser la de una mujer con gran desenvoltura económica y con gran respaldo, lo que sin duda le permitía presentar credenciales y salvoconductos. Utilizó para su viaje caballos, burros, barcas, carretas… Se aprovechó de las calzadas romanas que existían en todo el Imperio Romano, imperio, por cierto, que comenzaba a sentir las primeras invasiones bárbaras.

Egeria fue, además de la primera viajera española, la primera escritora; ella en sus cartas manuscritas logra armar el primer libro de viajes o guía, nos cuenta los lugares por los que pasa, aquello que más le gusta, lo que le crea incertidumbre, lo que no le gusta o resulta incómodo…

Todo su viaje está guiado por las palabras de la Biblia; ella quiere llegar a los lugares descritos, conocer el camino y situar determinado pasaje en un lugar concreto.

A nuestros días no ha llegado el manuscrito original de Egeria, el Itinerarium ad Loca Sancta; lo que salió a la luz en el año 1844 fue una copia realizada siglos después y que se conserva en Italia en Santa Maria de Arezzo.

Por la forma de redacción, Egeria escribió en primera persona, se sabe que era una mujer con un gran espíritu aventurero, que tenía un buen estado físico y que el desánimo no era compañero suyo; lo era Dios, al que en cada uno de sus trayectos agradece las fuerzas que le envía para seguir el viaje. En sus cartas, dirigidas a familiares y amigos, relataba un viaje que se inició en el año 381 y que acabaría en el 384.

¿Os imagináis aquel viaje? Llegó a Francia, país que atravesó hasta llegar a Italia; en barco cruzó el mar Adriático, llegó hasta Constantinopla, visitó los Santos Lugares y regresó a su tierra natal. Sin duda, un viaje único y difícil de ser realizado por una mujer.

El siglo IV, siglo en el que se encuadra el viaje, fue llamado el “siglo de los Padres de la Iglesia”.

A principios de ese siglo se había reunificado China.

Armenia fue la primera nación en adoptar el cristianismo como religión oficial en el año 301.

En la primera mitad de ese siglo se funda Constantinopla.

También en aquel siglo se escribe el Kamasutra.

Durante los años del viaje de Egeria, dos fueron los césares romanos, Graciano y Valentiniano II.

El papa de aquellos años de viaje era San Dámaso.

Sin duda, una gran mujer que debiera estar más reconocida por la aventura que llegó a realizar en el siglo IV.



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