lunes, 27 de octubre de 2025

Boudin en MIngorría

 

Vuelvo, una vez más, a nombrar a Eugène Boudin, el rey de los cielos. ¿Cómo no hacerlo?

Hace apenas unos días, al regresar de un breve viaje, Mingorría me ofreció su regalo más puro: un paisaje detenido en la calma, un cielo tan increíblemente bello que parecía pintado por la mano misma de Boudin. Y entonces pensé en el palomar del tío Alfredo, aquel personaje de El camino de Miguel Delibes, guardián de una vida sencilla y plena. Como él, me descubrí respirando el pulso de la tierra, el rumor del viento entre los campos, la quietud de las horas que no apremian. Y comprendí que también yo estaba ante un microcosmos: un pequeño universo donde —la luz, el silencio e incluso el viento— encontraban su exacta razón de ser en aquel instante mágico.


viernes, 24 de octubre de 2025

Máscaras picudas en tiempos de Peste



 




Tenemos que remontamos al siglo XVII para ver a los médicos, sabedores de lo contagiosa que era la Peste, atender a los enfermos, protegiendo todo su cuerpo, desde la cabeza hasta los pies. Su aspecto era un tanto siniestro.

Pero, recurramos a Charles de Lorme, un doctor de las clases más altas e incluso del rey Luis XIII, él describió la vestimenta de los denominados “médicos de la peste”.

Lo más importante era, no dejar nada de piel expuesta, en contacto con el aire, cuando se estaba cerca de un enfermo de peste. "El médico de la peste" cubría totalmente su cuerpo con un abrigo encerado, la cera debía ser aromática. La cabeza debía estar cubierta con un sombrero y las manos dentro de unos guantes de cuero. Además, usaban anteojos y, lo más característico, una nariz postiza.

Esta nariz debía ser larga, sobrepasando los 10 o 15 cm, con forma de pico de ave.

Por aquella época, se creía que los perfumes acababan con la enfermedad y, ante todo, protegían al que los olía. La creencia sobre el poder de los perfumes quería convertir aquellas picudas narices, con dos orificios en la punta para respirar, en un filtro que impidiera el contagio.

Aquella nariz "añadida" se rellenaba de una composición preventiva. Un conjunto de hierbas, polvos y aromas. Se creía entonces que el aire, al pasar a través de esas narices "rellenas", quedaba filtrado, por tanto se evitaba el contagio. La composición era un tanto, ¿cargante? Más de 55 hierbas aromáticas y con cualidades curativas, polvo de carne seca de víbora, canela en polvo, miel, ...

¿Os imagináis lo que debían pesar esas narices?

Sumarle a ese atuendo, que el médico se acompañaba de una vara, con ella podía alejar y defenderse de quienes, infectados o en contacto con quien lo estuviera, le requirieran sus servicios. También la usaba para ayudarse en la evaluación de los enfermos. La imagen que transmitían aquellos médicos de la peste era bastante siniestra.

Por cierto, aquellas mascaras de nariz alargada y picuda se popularizaron y, con el tiempo, su uso se popularizo en los disfraces, sobre todo en Venecia. Aun hoy, se siguen usando y es posible compralas.

Si viajáis a Viena, podréis ver la Pestsäule. Una columna de La Peste. Y es que, en la segunda mitad del siglo XVII, la capital austriaca sufrió una epidemia de peste, el rey, Leopoldo I, cuando escapaba de la ciudad juró que levantaría una columna votiva cuando la enfermedad remitiera. Columnas de la Peste se levantaron en otras ciudades y capitales europeas pero, la de Viena es espectacular.

Por ultimo, y hablando de columnas de la peste, el premio Nobel de Literatura del año 1.984, el poeta Jaroslav Seifert, al que han descrito como el Neruda checo, escribió el libro de poesía titulado, La Columna de la Peste. De él os dejo el fragmento de una poesía:

Nuestras vidas se deslizan

como los dedos sobre el papel de lija;

días, semanas, años, siglos,

y había épocas en que pasábamos llorando

largos años.

Hoy todavía camino alrededor de la columna

donde con tanta frecuencia esperé

y escuché, cómo murmura el agua

de las fauces apocalípticas, ...”




domingo, 12 de octubre de 2025

Sombras

 


Platón escribió el Mito de la Caverna, en el hablaban Sócrates, que había sido su maestro, y Glaucón, su hermano. Hablaban del conocimiento filosófico, sobre la educación en esa materia, en como los individuos y la sociedad serian muy distintos sin tener esos conocimientos filosóficos.
En esta sociedad, debemos saber distinguir la sombra inducida por quienes intentan manejarnos y nuestra propia sombra, aquella que realmente nos representa.
Las sombras de aquella Caverna de Platón eran producidas desde el exterior, la visión de esas sombras en los prisioneros de la caverna les dibujan un mundo exterior manipulado.

En el mundo real también se ven sombras, pero solo tienes que moverte y las podrás vencer, al menos, poner en evidencia al manipulador.

¡Atrevete!

Arvi y el verraco escondido

 

Allí estaba #Arvi, indicando a unos amigos donde se encuentra un verraco algo disimulado, está incrustado en  la pared de una ermita, la ermita del Rosario en el abulense pueblo de Mingorría.

Quién les iba a decir a los bravos vettones, aquellos que usaban las ya famosas facaltas, que uno de los símbolos de su cultura, se iba a encontrar formando parte del muro de una ermita?

Han pasado siglos, muchos desde la Edad del Hierro que es donde se sitúa la Cultura de Cogotas, y ahora vemos a ese verraco, allí en lo alto.
Se le distinguen las orejas y viéndole una piensa en de quién sería la idea de reutilizarle en la construcción de un muro?

Y una piensa: menos mal que no hubo ninguna construcción cerca de los famosos 4 Toros de Guisando. Bueno un inciso, según se sabe eran cinco las figuras zoomorfas.
Allí junto a ellas se firmó el famoso Tratado de Guisando.

¿Os imagináis que hubiesen llegado allí, Enrique IV de Castilla por un lado, y de otro su hermana Isabel, que iba a ser proclamada Princesa de Asturias, y que los verracos no estuvieran?

Buena se hubiese liado si llegan los firmantes y no hay toros:
Por un lado los partidarios de Isabel (La Católica) inculpando a los que querían como sucesora de Enrique IV, a su propia hija, Juana de Trastamara, la que algunos llamaron Beltraneja. 

Que si no queréis que se firme.
Que si vosotros habéis quitado los toros.
Que si...

En fin. Si venís por Ávila podéis buscar verracos formando parte de la muralla, en el cubo de la mula, también en su lienzo este y también en el palacio de los Verdugo, y en...
¡A buscar #verracos escondidos! 😉

Babia, un lugar increible.

 

La pequeña y coqueta ermita de Pruneda da la bienvenida al viajero que se adentra en Babia desde las tierras de la Reserva de la Biosfera de Omaña y Luna. Este lugar, ahora orillado por el trazado de la nueva carretera, fue sin duda un lugar estratégico para aquellos que atravesaban estas tierras haciendo la trashumancia. Estas eran tierras donde el ganado trasegaba hasta llegar a los fértiles y frescos puertos de Babia, donde se podía combatir el calor de los meses de verano.


Cuentan que es posible que fuese construida por la familia Quiñones (Condes de Luna) a finales del s. XV. Y afirma la tradición oral que el conde don Suero donó una lámpara de plata para que siempre estuviera encendida una llama que le recordara. Pero de Suero de Quiñones escribiré en otro momento, porque aunque era un segundón de la Casa de los Quiñones, no es menos cierto que "El Passo Honroso" merece capítulo aparte. Me centraré ahora en Babia, y hasta llegar a estas tierras nos han venido acompañando las inmensas montañas de Las Ubiñas-Mesa, Parque Natural asturiano que, de no conocerlo, os recomiendo encarecidamente una visita.



Y ya en Babia, se descubren inmensas praderías. En estas tierras y en puertos como el de Ventana y la Mesa, se vivían cada año la Alzada y la Marina.

En la Alzada, los vaqueros, como se conoce por estas tierras a los pastores trashumantes, subían a los puertos desde las tierras asturianas. Llegaban, por ejemplo, a Torrestío, situado en el llamado Camí Real, y allí pasaban los veranos, atendiendo el ganado, las huertas y con el trabajo de "arriería".

Cuando el otoño presentaba su cara, cuando las quitameriendas tapizaban las praderas, era momento de hacer el viaje de vuelta, momento de hacer La Marina. Bajar el ganado a las tierras de la vecina Asturias; marchaban a Gijón, Castrillón, Grado, Quirós, Teverga…

Para llegar a Torrestio hay dirigirse a la carretera que lleva al puerto de Ventana, en el llamado cruce de La Farrapona, hay que tomar un desvio. La carretera se estrecha y una vez en el pequeño pueblo hay escaso estacionamiento para nuestros vehículos vivienda. Desde el pueblo se puede llegar a un paisaje increíble, los Lagos de Saliencia, en tierras asturianas, pero os aconsejo llegar a ellos, por la vertiente asturiana. Será necesario dejar los vehículos en el llamado Alto de la Farrapona, enclave muy conocido para los amantes del ciclismo. En este Alto escasea el estacionamiento, así que si conducís autocaravanas o camper, intentar evitar fines de semana y puentes. Y en las praderías de estas tierras altas es probable que el ganado esté guardado por mastines; lo mejor, mantener una distancia de seguridad con respecto al ganado. Si os acompañan vuestros perros, es momento de atarlos para evitar un conflicto. No olvidemos que los mastines están en su territorio y cumpliendo la función de defensa del rebaño.


Y, siempre que estamos en Babia, nos reservamos un día para estacionar en Riolago de Babia. Nos encanta pasear sus calles, disfrutar del entorno, descubrir sus rincones… Realmente nos hace sentir felices. Tenéis un centro de interpretación situado en un antiguo palacio de la familia Quiñones. En él también podéis disfrutar de la cantina, un lugar agradable donde compartir un café.


Al llegar la noche, siempre es posible disfrutar de un íntimo filandón; eso sí, en vez de hilar, comentamos sobre los tributos que pagaban quienes vivían en estos pueblos de Babia. Eran varios, los enumero: Los Cientos, las Sisas, las Alcabalas, el Yantar, el Censo, el Portazgo, la Fumaga; a ellos se sumaban el Diezmo, por ejemplo de Merinas, que llegaba al 10 por ciento del valor de la tierra arrendada para el pasto. Otro impuesto era el Voto, que pagaban los labradores a la Iglesia; el pago era en trigo y pan. También estaba el Adra o Dogo, un tributo que los vecinos pagaban en forma de trabajo para el Cabildo. Hay que sumar el impuesto de Primicias; este se pagaba a la Iglesia con frutos y ganado para mantenimiento y reparación…

En fin, otros tiempos que bien merecen conocerse para saber estar en el presente, sin repetir tantas sandeces como dicen algunos. Que pareciera que esto de pagar impuestos es una moda actual.

Se me olvidaba, en Riolago tenéis una tahona con pan y dulces artesanos y con una empanada de cecina que… No os digo más.



Nota: En la ermita de Pruneda se puede estacionar sin problemas. En Riolago de Babia también podéis estacionar vuestros vehículos sin problemas. En Huergas de Babia, tenéis una pequeña área de autocaravanas. En Mena de Babia, tenéis una zona recreativa estupenda. En general en toda la provincia de León las autocaravanas son bien recibidas.



https://www.youtube.com/watch?v=nf-5T_S1OGE&list=PLFd-YrWg9jKYmMhY9hJYGba462u4DI8Pn&index=104




sábado, 11 de octubre de 2025

"Aquí hay un cadáver"

 

 

Aquí hay un cadáver”.

Aquella pintada en la fachada de una casa en ruinas, para mí tenía dos lecturas, una más sencilla que la otra.

Si era verdad que allí había un difunto, deduje que este llevaría en el lugar mucho tiempo, demasiado, porque yo no pude apreciar ningún olor a muerto. Aunque, pensándolo bien, yo no tengo ni idea de cómo huele un cadáver, pero supongo que, pasados unos días de la muerte, el olor que desprenderá será fuerte, nauseabundo y penetrante.

También supongo que con el tiempo, la persistencia del olor se esfumará. Para entonces, aquel lugar ya no anunciaría, al menos, olfativamente, que allí hubiese muerto alguno.

Sería, pues, esa la causa de quien, sabiendo que allí había un muerto, escribiera la frase. Deseaba certificarlo.

Lo segundo que pensé fue que aquella frase fuese una especie de elemento disuasorio en sí misma. Alguien lo lee y decide pasar de largo y hacerlo de forma acelerada, sin reparar en nada más. ¿Entonces? Entonces se me ocurrió que sería el lugar perfecto para esconder algo valioso, algo que se quisiera esconder con garantías. ¿Quién sería la persona que, leyendo aquello de "Aquí hay un cadáver", se pusiera manos a la obra para desescombrar aquel abandonado solar? Ya os digo yo que nadie.

En esas estaba cuando reparé en la apostilla que se hacía bajo el primer enunciado: "ya no está".

Me fijé entonces en el color de pintura con que estaban escritas aquellas dos frases; era el mismo. Y sin ser una experta grafóloga, ni tan siquiera una simple aficionada al estudio de las particularidades de la escritura, en aquel instante me decidí por pensar que ambas frases fueron escritas por la misma persona. Una deducción que hizo que me surgieran algunas dudas:

¿La primera afirmación fue cierta en algún momento? De ser cierta, ¿a qué tipo de cadáver se refería quien escribió la frase? ¿Qué tiempo pasó entre la primera y la segunda frase? ¿Y...?

Vamos, que durante largo tiempo me quedé pensando y fue entonces cuando fotografié el escenario que tenía frente a mí; estaba segura de que alguna vez escribiría sobre la instantánea. Y aquí estoy, escribiendo sobre una imagen vista en el zamorano pueblo de Otero de Sariegos. Un pueblo vacío, abandonado, que se encuentra en la extensa Tierra de Campos, entre Villafáfila y Villarín de Campos, en plena Reserva de las Lagunas de Villafáfila.

Había ido hasta la pequeña población en busca de la Iglesia de San Martín de Tours; creía que la situación donde se encontraba el templo me iba a permitir una buena vista de la laguna de Salina Grande. ¿Y queréis creer que se me olvidó la observación de aves? Bordeé la iglesia, me adentré en un cementerio donde ya no hay tumbas; bueno, no, miento, parece que alguien aún permanece en el lugar. Pude saber después que allí descansaban los restos de una mujer que, muerta en 2020, quiso ser enterrada en el lugar donde había nacido 94 años antes.

¡Madre mía! Había nacido en 1926. En aquel año en España se comenzaron a emitir los primeros “diarios hablados”; se llamaban La Palabra. Y fue en el año en que nació la anciana de Otero cuando se instaló en España el primer semáforo que hubo en nuestro país; estaba en la calle Alcalá. Fue también el año en que desapareció, por 11 días, la escritora británica Agatha Christie; el mismo en que nacía Isabel II, la británica, que murió en 202, permitiendo así que su hijo al fin reinase…

El resto del pueblo son casas con tejados desplomados, vigas apoyadas sobre escombros, alguna antigua alacena completamente destrozada por el peso de paredes caídas.

Y todo el pueblo, me pareció una oda a la soledad y la ruina. Curioso si tiene en cuenta que los antiguos palomares que rodean sus tierras han sido rehabilitados; desde ellos, quienes visitan el lugar con la única intención de ver la fauna, pueden disfrutar de la vida animal en las lagunas de Villafafila.

Yo me quedé atrapa con el abandono, en cierta manera, gracias a la famosa frase del muerto, eso activó mi curiosidad, tanto que he llegado a saber que ya bien entrado el siglo XVI, este pueblo ya fue abandonado por sus vecinos. Años después, en 1682, se sabe que volvió a ser repoblado, tal como se puede leer en el Memorial del Consejo de Hacienda: “En 1665 se despobló del todo y sus vecinos se fueron a vivir a otros lugares y su iglesia quedó demolida y en 1681 habían ido a habitar la villa seis vecinos a instancias del Condestable de Castilla”. En Otero vuelven a instalarse vecinos; hasta se instaló un cura. Eran tiempos de pagos de diezmos y alcabalas; bueno, esto lo digo para esos que piensan que los impuestos son cosas del presente.

La ruina actual se comenzó a escribir el 21 de noviembre de 2003; aquel día se marchaba el último vecino del pueblo; lo hacía por razones de salud. Su marcha dejó al pueblo completamente solo ante aquellos que no conocen el significado de la palabra respeto. Fueron varios los irrespetuosos que llegaron a Otero para realizar actos vandálicos, rompiendo puertas y ventanas en busca de ¿¿?? También algunos encontraron en este emplazamiento el lugar perfecto para encuentros con litronas y mucho “¿a qué no te atreves?”. Y claro que se atreven a destrozar.

Y ahora, mientras escribo, pienso en el destino de los cientos de pueblos que ven cómo su población envejecida se ve obligada a abandonar sus casas. No llegan los servicios y la población que habita la España rural también merece un mejor presente, aunque eso suponga la ruina de muchos Oteros.

Y me quedo sin saber si hubo o no hubo muerto en aquella casa, pero lo que si hubo fue vida en aquel pueblo, hoy silencioso.




miércoles, 1 de octubre de 2025

Devolvedme mis lágrimas

 

Me gustaría saber acunar palabras en una poesía, pero tan solo pude expresar mi dolor de esta manera:

Devolvedme mis lágrimas.

Llevo tiempo pensando en recuperar lágrimas vertidas.

Aquellas que se deslizaban por mis mejillas al sentir el dolor de las tragedias.

Son mis lágrimas. Mías.

Las necesito ahora, las necesito todas. Las quiero.

Necesito llorar el horror de hoy y agoté las lágrimas.

Mis lágrimas del ayer, me equivoqué al verterlas. Las quiero.

Lloro sin lágrimas en una noche eterna.

Quiero mis lágrimas malgastadas.

Devolvedme mis lágrimas. Son mías.

Ahora sé que un día las desperdicié con quienes hoy no las merecerían, aun mereciéndolas ayer.

Miles de víctimas necesitan del llanto de muchos para, como un torrente, bañarles en un mar solidario.

Devolvedme mis lágrimas.

La reina doña Sancha de León y El Beato de Fernando I y doña Sancha

      La reina Sancha Alfónsez de León (1013–1067), conocida más como Sancha de León, fue fundadora de algunos monasterios, con ...