viernes, 24 de octubre de 2025

Máscaras picudas en tiempos de Peste



 




Tenemos que remontamos al siglo XVII para ver a los médicos, sabedores de lo contagiosa que era la Peste, atender a los enfermos, protegiendo todo su cuerpo, desde la cabeza hasta los pies. Su aspecto era un tanto siniestro.

Pero, recurramos a Charles de Lorme, un doctor de las clases más altas e incluso del rey Luis XIII, él describió la vestimenta de los denominados “médicos de la peste”.

Lo más importante era, no dejar nada de piel expuesta, en contacto con el aire, cuando se estaba cerca de un enfermo de peste. "El médico de la peste" cubría totalmente su cuerpo con un abrigo encerado, la cera debía ser aromática. La cabeza debía estar cubierta con un sombrero y las manos dentro de unos guantes de cuero. Además, usaban anteojos y, lo más característico, una nariz postiza.

Esta nariz debía ser larga, sobrepasando los 10 o 15 cm, con forma de pico de ave.

Por aquella época, se creía que los perfumes acababan con la enfermedad y, ante todo, protegían al que los olía. La creencia sobre el poder de los perfumes quería convertir aquellas picudas narices, con dos orificios en la punta para respirar, en un filtro que impidiera el contagio.

Aquella nariz "añadida" se rellenaba de una composición preventiva. Un conjunto de hierbas, polvos y aromas. Se creía entonces que el aire, al pasar a través de esas narices "rellenas", quedaba filtrado, por tanto se evitaba el contagio. La composición era un tanto, ¿cargante? Más de 55 hierbas aromáticas y con cualidades curativas, polvo de carne seca de víbora, canela en polvo, miel, ...

¿Os imagináis lo que debían pesar esas narices?

Sumarle a ese atuendo, que el médico se acompañaba de una vara, con ella podía alejar y defenderse de quienes, infectados o en contacto con quien lo estuviera, le requirieran sus servicios. También la usaba para ayudarse en la evaluación de los enfermos. La imagen que transmitían aquellos médicos de la peste era bastante siniestra.

Por cierto, aquellas mascaras de nariz alargada y picuda se popularizaron y, con el tiempo, su uso se popularizo en los disfraces, sobre todo en Venecia. Aun hoy, se siguen usando y es posible compralas.

Si viajáis a Viena, podréis ver la Pestsäule. Una columna de La Peste. Y es que, en la segunda mitad del siglo XVII, la capital austriaca sufrió una epidemia de peste, el rey, Leopoldo I, cuando escapaba de la ciudad juró que levantaría una columna votiva cuando la enfermedad remitiera. Columnas de la Peste se levantaron en otras ciudades y capitales europeas pero, la de Viena es espectacular.

Por ultimo, y hablando de columnas de la peste, el premio Nobel de Literatura del año 1.984, el poeta Jaroslav Seifert, al que han descrito como el Neruda checo, escribió el libro de poesía titulado, La Columna de la Peste. De él os dejo el fragmento de una poesía:

Nuestras vidas se deslizan

como los dedos sobre el papel de lija;

días, semanas, años, siglos,

y había épocas en que pasábamos llorando

largos años.

Hoy todavía camino alrededor de la columna

donde con tanta frecuencia esperé

y escuché, cómo murmura el agua

de las fauces apocalípticas, ...”




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