El otro día leí sobre una mujer, se llamaba Olvido, fue minera; lo fue por obligación.
Su marido había enfermado hasta el punto de no poder trabajar; era el año 1962. Ese año en que los mineros asturianos comenzaron la que se llamó "la huelgona", también conocida como la huelga del silencio, duró dos largos meses. Sus consecuencias, mucho tiempo más... Olvido criaba hijos, atendía la casa y cuidaba a su marido.
En aquel año, Olvido "La Minera" se remangó sus faldas y comenzó a picar carbón, con el coraje que le ayudaba a esconder su pena bajo el color negro que tiznaba su cara. Sentía como las lágrimas ya no brotaban por el esfuerzo y el dolor; no se podían desperdiciar; las necesitaba para hacer más llevaderas las penas.
Una mujer minera y "fantasma", porque cuando Olvidó preguntó al patrón de las minas de Fabero si ella podría sustituir a su marido para que el jornal siguiera entrando en la casa, el patrón aceptó, pero con la condición de que ella no apareciera en los papeles de la mina, ni un mísero recibo de jornal a su nombre. Sería su marido el que seguiría figurando en los papeles de la mina.
Y Olvido, día a día y durante 8 años, picó y picó carbón como un minero más.
Bueno, a diferencia de sus compañeros Olvido, un día picando carbón, rompió aguas, en pocas horas nació el sexto hijo de Olvido "la del cestu".
La minera que no aparece en los papeles de las minas de Fabero, pero que dejó su sudor, sus lágrimas y hasta sus dolores de parto entre el carbón que se sacaba de sus entrañas.
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