Y, ¿qué decir de este
ejemplar?
Nada crece delante de él, como si la naturaleza
quisiera respetar al inmenso árbol, ahora muerto. El tiempo ha
esculpido en el viejo tronco una inmensa boca, que pareciera que
grita: CUIDADO.
Y si nos fijamos, descubrimos que ese
grito de advertencia será para los que a su lado se hacen fotos. El
suelo barrido nos cuenta, sin palabras, que son muchos los turistas
que junto a él se sientan.
Yo le miré y quise llevarme
su historia. Porque este viejo tronco, un día fue un maravilloso
castaño.
En tiempo de romanos llegaron los primeros
ejemplares y ahora, envejecidos unos y enfermos otros, siguen
ocupando el lugar que les corresponde.
Y este tronco
pareciera que tiene antenas para conocer y descifrar lo que ya no
entiende.
Pareciera que el tiempo le ha cicatrizado un
ojo, pero le ha dejado otro.
¿Qué verá?
Son
estos detalles los que convierten el recorrido de un lugar en nuestro
paseo más íntimo.
Nos llevamos para siempre la imagen de
un amigo que ya en su vejez nos cuenta, que hubo tiempo en que dio
sombra y quitó hambre. Ahora nos dice, muy bajito:
Gracias por
no tocarme, por respetarme. Gracias por elegirme hoy como símbolo de
un paseo por las #Médulas.

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