Hubo un tiempo en que los cubiertos no existían. Podemos afirmar que el primero de los cubiertos fue el cuchillo; él acompañó al hombre desde el principio de los tiempos, desde las primeras piedras afiladas. El Homo habilis comenzaba a despedazar a los animales cazados con el uso de utensilios afilados. Determinados hallazgos nos cuentan que hace más de 3.000 años están los primeros cuchillos en el Antiguo Egipto. Son así los cuchillos, los primeros en ser inventados y desarrollados. Las piedras afiladas, la madera, los huesos y, por fin, los metales; de ellos, el acero fue el último en ser usado. Fueron los materiales que han acompañado la evolución de este objeto cortante.
La cuchara fue el segundo de los cubiertos; con el uso del fuego y la posibilidad de poner a hervir caldos, fue necesario el uso de algún utensilio para tomar esa comida líquida. Primero fueron conchas y después los huesos sirvieron para ser tallados y hacer, en el Neolítico, las primeras y rudimentarias cucharas. Allá por el año 3000 a. C., que ya ha llovido, se usaban cucharas en Babilonia y Egipto; eso sí, su uso se sabe que estaba delimitado a las clases más altas. Ya en el siglo III a.C., su uso se extendió en Grecia a las clases más populares. Cochrane es el instrumento que se usaba en la Antigua Roma y que es el origen del nombre cuchara. OJO, que los romanos ya contaban con cubertería, al menos hablando de cucharas. Disponían de la ya nombrada cochrane; con ella se podía coger un centilitro y era estrecha y puntiaguda. La trulla, de un decilitro, era casi un cazo, vamos, algo inapropiado para comer sin babero y con boquita de piñón. La lígula era una cuchara mediana; se usaba para sopas y purés; quizás este tamaño sea el más popularizado en nuestras mesas.
La cultura olmeca, en el continente americano, ya tenía un utensilio acanalado como primitiva cuchara; corría el siglo IX o X a. C. Y ya en la Edad Media, se comenzaron a tallar los mangos de este utensilio, algo que ya hacían los persas. En España, el uso de la palabra cuchara no lo es hasta el siglo XV. Antes se llamó culiare, cuchare y, al final, cuchara. En el siglo XIII se comienza a recomendar su uso, evitando beber el caldo del cazo donde se cocinaba y que pasaba de persona a persona.
Y el tenedor es el elemento de la cubertería más moderno; hasta que se diseñó un utensilio con forma de tenedor, se comía con los dedos todo aquello que no fuese caldoso. En la Antigua Roma, los plebeyos comían con los cinco dedos; si alguien lo hacía con tres dedos, era porque pertenecía a un estatus superior. El meñique y el dedo anular quedaban así exentos de agarrar carnes o pescados asados, frutas u otras viandas. Un buen Patricio dejaba esos dos dedos colocados hacia arriba, como si esperaran que les pusieran anillos. Hasta Alfonso X el Sabio habla de la pésima educación que supone usar cinco dedos. Los primeros tenedores tenían dos dientes y, en un principio, fue un utensilio demonizado. Se pensaba que la comida debía ser cogida con los dedos porque era Dios el que ponía la comida a disposición del hombre y cogerla con un utensilio no era forma de agradecer lo suficiente ese "regalo divino". En el siglo XIII, los primeros tenedores llegados a Inglaterra no se usaron para pinchar un trozo de filete; ellos a lo suyo. Comenzaron a usarlo como arma; incluso se habla de duelo de tenedores. En el siglo XVI, los caballeros ya pudieron comprobar lo bueno que era su uso para no mancharse los encajes de la gorguera del cuello. Lo cierto es que el uso del tenedor no se extendió a la Europa Central y del Oeste hasta el siglo XVII y no llega a EEUU hasta el siglo XIX.
Y llegamos al buen uso de los cubiertos, que es para algunos un desafío a tenor de algunas fotos y vídeos que comparte la gente en redes. Y es que no solo faltaría un buen uso, por parte de los comensales, de los distintos cubiertos de pescado o carne; también parece existir bastante confusión por parte de algunos hosteleros a la hora de colocar la cubertería en la mesa. En el siglo XVIII había instructores del uso del tenedor, cómo cogerlo y cómo acercarlo a la boca. Creo que actualmente también necesitarían de ese maestro más de uno.
La correcta colocación de la cubertería sería, estando frente a nosotros el plato, situar a la derecha la cuchara y cuchillos. La cuchara en el extremo más alejado del plato y a su izquierda los cuchillos necesarios, siendo el último de ellos el de las carnes. Los filos siempre hacia dentro, mirando al plato. A nuestra izquierda, tenedores: primero de ellos y más alejado del plato, el de los entrantes, y el último de ellos, el de cuatro púas de carne. En cuanto a los cubiertos de postre, en la parte superior del plato, estando más cercano a este el tenedor y más cerca del centro la cuchara.
Igualmente, existe un lenguaje de los cubiertos poco conocido por algunos. Así, una pausa sería dos piezas de cubiertos situados en la parte más elevada del plato, marcando las diez y diez horas. Dos cubiertos cruzados indican que se ha acabado; aunque exista comida, se está pidiendo el siguiente plato. Cuchillo y tenedor situados de forma paralela y marcando las seis horas; pueden retirar el plato. Ambos cubiertos, situados también en paralelo pero indicando las nueve y cuarto, expresan que el plato era excelente. Tenedor y cuchillo formando una "X" expresan que el plato era poco apetecible.
En fin, que al igual que el abanico, el uso de los cubiertos tiene un lenguaje propio. Y así podríamos seguir con el correcto uso de las copas y servilletas; entraríamos así en una clase de urbanidad que no es la finalidad de los domingos con historia. Eso sí, debiera ser asignatura cotidiana en restaurantes; de lo contrario, pasa que una, intentando ayudar, se retira ligeramente hacia el lado opuesto de por dónde se tendría que servir o retirar el plato y ZASCA, llega el camarero y te pide que te muevas hacia el lado equivocado y contrario, le miras como diciendo...
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