Hubo un tiempo en que en las cortes europeas estuvo de moda que algunas damas tuviesen a su servicio un esclavo negro.
Una de las hijas de Felipe IV, la que sería conocida como María Teresa de Austria, se casó en la primavera del año 1660 con el rey de Francia Luis XIV. El rey Sol, como era conocido, no tenía suficiente con su mujer y se rodeó de varias amantes; para justificar tal inclinación al adulterio, se dijo que la reina consorte se mostraba demasiado fría en las relaciones. Lo cierto es que la reina, alejada de su país y con un marido que solo deseaba de ella futuros hijos herederos, se sentía bastante sola; por no hablar del vacío que le hacía su suegra, Ana de Austria, que directamente la ignoraba, salvo cuando tenía que hacer de intérprete de su hijo, pues él no hablaba nada de castellano.
Fue así como surgió la amistad entre ella y un esclavo pigmeo y negro que había sido traído a Francia tras una expedición, por el Duque Beaufort, almirante de la Marina. Se le puso de nombre "Nabo" y comenzó a ser una de las personas de confianza de la reina a la que habían puesto el sobrenombre de "la sufrida".
Lo que aconteció meses después de conocerse la reina consorte y el esclavo fue que nació una niña con un color de piel oscuro y con algunas malformaciones. En la corte corrió la noticia de que la reina había parido una niña negra y todas las miradas se volvieron, como era lógico, hacia Nabo.
La versión oficial habla de que la pequeña princesa murió aun no cumplidos los dos meses de vida. Otras voces hablan de que la pequeña fue llevada fuera de la Corte para ser criada en secreto. Parece ser que se le puso el nombre de Louise Marie Thérése y que con el tiempo se convirtió en monja y fue conocida como la Monja Negra de Moret.
Que tuviese asignada una pensión por parte de la Corona y, según se aseguró, que la reina la visitara con cierta asiduidad en la abadía de Moret-sur-Loing, fue definitivo para que muchos creyeran que efectivamente era hija de la reina.
Algunos otros historiadores, los más conservadores, descartan que la reina, tan cristiana y devota, cometiese adulterio con el joven pigmeo de menos de 70 cm de altura y también que este pudiera violarla; achacan, pues, el color de la piel a una posible cianosis, también que los genes de tez oscura de los Médici hubiesen salido a flote, transmitidos por el rey francés.
La que fuese la abuela del primer rey Borbón de España, que reinó con el nombre de Felipe V, tuvo varios hijos y, salvo uno, todos murieron; el que se conoció como el rey delfín fue el único superviviente y quizás la monja negra.
Como es lógico, Nabo salió de palacio y seguramente algunas damas disfrutarían de su confianza y juegos en algún otro lugar de Francia. Lo que es casi seguro es que el rey Felipe IV nunca conoció a su posible pensaría tener una nieta negra.
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