El rey de Francia Luis XIV, apodado el Rey Sol, puso de moda el uso de las pelucas en la Corte. El necesitaba esconder su calvicie y parece que al resto de cortesanos les encantó la idea: todos a raparse la cabeza y ponerse peluca. Una forma de evitar que los piojos tuviesen pensión completa en sus cabezas.
Se dice que el Rey llegó a tener catorce peluqueros que atendían sus muchas pelucas. Y es que la palabra "peluquero" viene de ser el encargado de hacer y mantener las pelucas. Hasta entonces y después, el cuidado del cabello corría a cargo de los barberos. Estos también se encargaban del afeitado, cirugías menores y de sacar muelas. Solo cuando se les quitó a los barberos las competencias médicas fue cuando pasaron a ser también los encargados de los trabajos de peluquería.
En aquellos años de finales del siglo XVII y primera mitad del XVIII, Francia se convirtió en la seña de identidad de la moda barroca. Pronto todas las cortes europeas apostaron por el uso de las pelucas, largas, rizadas, rubias, grises, en una palabra, HORRIBLES. Poco después, también las mujeres se sumaron a la moda de las pelucas, pero ellas, las reinas y cortesanas, las querían azules, rosas y de varios pisos hacia arriba. Era necesario que los peluqueros se subieran a escaleras para colocar aquellas, casi pirámides, en las cabezas de cortesanas y reinas. La moda desapareció cuando se dieron cuenta de que un buen corte de pelo era más fresquito en verano.
No, en serio, fue a finales del siglo XVIII cuando el Gobierno británico instauró un impuesto al uso de las pelucas y la moda cayó en picado. Además, ¿cómo se iban a poner aquellos sombreros de pico tan...? Actualmente, los jueces ingleses siguen llevando pelucas; desconozco si pagan impuesto por ello.
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