Las cabezas clavas son esculturas que fueron esculpidas en torno al año 1.250 a.C. y se localizan en la sierra norte del Perú. Esas piedras talladas se encuentran clavadas en los muros de los templos del antiguo Perú.
El cielo, la tierra y el bajo mundo se representan con aves, felinos y reptiles y también se pueden observar representaciones de cabezas humanas.
Uno de los lugares donde se han localizado estas esculturas es el templo de Huántar, situado en Chavín; allí se sitúa uno de los principales templos de la época llamada Formativa, hace ya 3.000 años que hasta ese lugar peregrinaban los habitantes de aquella parte del mundo.
Así que cuando aquí, en este mal llamado primer mundo, algunos hablan de forma peyorativa de gentes de Perú, solo cabe decir que hablan desde la más absoluta ignorancia.
En el año 1.000 a.C., la Península Ibérica estaba dividida en la Meseta Interior y el Norte, ocupada por indoeuropeos, la mayoría celtas; y, por otro lado, en el Levante, y ya en el 800 a.C., esa tierra sería ocupada por fenicios, griegos, cartagineses y romanos.
En un museo de Marsella se conserva el Hermes bicéfalo, una escultura celta que se encontró en Francia; en España fueron los verracos la escultura celta que más proliferó. Esas figuras de piedra representaban cerdos, toros y jabalíes y, junto a la figura, se esculpía también el pedestal.
Por cierto, en nuestro país y en los últimos cinco años, la Universidad Autónoma de Madrid ha localizado treinta verracos, algunos situados en muros, al igual que se utilizan antiguas estelas romanas; otros estaban en fincas, jardines y pajares particulares, también en iglesias y hasta en escombreras. Actualmente, y con la catalogación de los 30 últimos localizados, son más de 450 esculturas las que se conservan en lo que ahora es España y Portugal.
Foto de Google, Tierra de los Andes.
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