Quizás alguna vez esa ventana, hoy tapiada con ladrillos, sintió, sobre su marco de madera, la ropa de cama al ser ventilada de buena mañana. Ladrillos que dibujan un Tetris en una ventana que ya ni estructura de madera tiene. Seguramente, una ventana que iluminó una casa vivida y ahora es un cartel de abandono.
Esas ventanas son señales de que los pueblos se vacían y con ellos se entierra una forma de vida.
Escribió
un día Delibes, en Viejas historias de Castilla la Vieja:
"Y empecé a darme cuenta entonces que ser de pueblo era un don de Dios y que ser de ciudad es un poco como ser inclusero... "
Pues yo, que fui niña de ciudad y que siempre sentí y siento que ser de Madrid es mi don, ahora lloro a los pueblos vacíos y ahora sí, ahora siento como mías las palabras de Delibes, por cierto uno de mis escritores preferidos.

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