Hay una frase que están replicando varios medios de información, es de un hostelero de Sóller, esa población mallorquina situada en el valle de la naranjas, que dice: "Hay turistas que ahora piden un zumo de naranja (a 6,5 euros) y se lo toman entre cinco personas". Es bien seguro que será toda una exageración en sí misma, pero que seguramente retrata lo que está pasando. Y es que la gente no quiere ser robada, sobre todo si es que te piden más de 4 euros por tomar un café.
Primero, fueron los propios mallorquines los que dejaron de acudir a determinados bares y restaurantes; los precios abusivos terminaron con la clientela de toda la vida. Echaron a los vecinos de los comercios de sus barrios, luego también de sus propias casas; es lo que se conoce como gentrificación. Los hijos de los que siempre vivieron en una población o barrio ya no podían buscar casa ni para compra o alquiler; los precios son ahora para los turistas con dinero o para aquellos que ya no tienen posibilidad de comprar en los barrios más ricos.
Y esos hosteleros y hoteleros la tomaron con los conductores de autocaravana, siempre la misma retahíla: No gastan, no consumen, no compran… Un mensaje que fue calando en la misma población. Lo cierto es que somos conductores, pero no nos alimentamos del aire. Compramos en supermercados, en tiendas de pueblos, en tahonas que aún siguen quedando en el medio rural, entramos en museos, cogemos medios de transporte… También comemos en restaurantes y nos gusta consumir en una terraza; eso sí, tenemos una ventaja, cuando vemos que a un empresario se le va la pinza, siempre nos queda irnos a otra localidad.
Pero, lo cierto es que esos mismos empresarios que comenzaron atacando a los autocaravanistas hoy vuelven a arremeter con los mismos argumentos contra los turistas de apartamento, aparta-hotel o piso turístico; lo hacen con las mismas frases:
“En un piso las familias tienen cocina, nevera, microondas… lo que les lleva a comprar comida en un supermercado”.
¡C'est la vie!
El 7 de junio, escribía yo, con respecto a la discriminación que sufrimos en Ibiza los conductores de autocaravanas y camper, el siguiente artículo:
En ese artículo acababa con una frase: ¿Está Ibiza preparada para morir de éxito? Porque morirá… Algo que se puede hacer extensivo a todas aquellas ciudades que ven en el turista el maná del verano con el que pueden vivir el resto del año. Eso sí, esos señores empresarios siempre buscan las culpas fuera de su falta de adaptación a su presente. Pues, llegados a este punto, prepárense porque, una vez que el viajero o turista se entera de que aún se pueden tomar zumos por menos de 3 euros, van a hacer como los antiguos vecinos, irse mientras les van les van haciendo pedorretas. Ana Pose
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