Vuelve el fuego a quemar nuestros pueblos. Parte de la España rural vuelve un año más a quedar arrasada por el fuego.
Hoy, 30 de julio, junto con El Arenal en Avila, arden Las Hurdes, en Cáceres, donde ha sido necesario evacuar a vecinos de poblaciones con riesgo; sigue activo el incendio de Cuevas del Valle, también en Ávila, que sigue tragándose el monte y que ya se ha cobrado la vida de uno de los trabajadores que iba a sumarse al equipo de extinción.
Antes fueron localidades como Selaya, en Cantabria; Benahadux, en Almería; Burguillos, en Sevilla; las poblaciones cacereñas de Arroyomolinos, Trujillo, Alcollarín y el propio término de Cáceres. También en Badajoz sufrió incendios la población de Talarrubias; en la localidad pacense de Valdecaballeros fue necesario evacuar a 400 vecinos y a los que pasaban sus vacaciones en un camping. En Lleida y Tarragona fueron los pueblos de Torrefeta i Florejacs y Paüls, respectivamente, los que sufrieron incendios, el primero de ellos calificado como incendio de sexta generación; en Paüls, que llegó amenazante hasta el parque Els Ports, además, hubo que lamentar la muerte de una de las personas que combatía contra el fuego.
También en Toledo asistimos al incendio de Méntrida; el humo de este incendio era visible desde la capital madrileña. Y en Ávila, a los ya mencionados anteriormente, es necesario sumar el incendio de Navaluenga, donde fue necesario evacuar los campamentos infantiles de verano.
Y algunos medios siguen hablando de los incendios en la España vaciada, NO. En el caso de los incendios, NADA de vaciada; es un territorio lleno de vida, con masas forestales y vegetales que, al incendiarse, no solo terminan con ecosistemas que son la causa de la muerte de especies animales, sino también arruinando el presente y el futuro de poblaciones que viven de su entorno. Es su paisaje, sus montes y ríos lo que atrae a esos municipios a turistas y viajeros. Es también la ruina de algunos agricultores o ganaderos, de apicultores que ven impotentes quemarse sus colmenas. Es, sobre todo, la muerte de la mirada de los más ancianos. Ellos lloran como se quema su tierra, la que cuidaron de niños cuando pasaban largas jornadas con el ganado en el monte. Son las lágrimas de vecinos que ven quemarse sus veredas, sus árboles frutales, sus viejos castaños…
¿Y qué hacemos? NADA.
No valen políticas contra el fuego aisladas de las políticas de desarrollo territorial. Políticas que permitan un equilibrio en el gasto.
No es posible que se gasten millones en sumar más carriles a las grandes circunvalaciones de las capitales, mientras en el medio rural se llama carretera a lo que, en muchos casos, solo es una pista asfaltada, a veces con baches que pasan a la categoría de socavones.
No es posible que, mientras gran parte del país disfruta de fibra para un internet más y más rápido, en el medio rural asistamos al bochornoso espectáculo de gente que tiene que ir a medio kilómetro de su pueblo y allí, subidos a una peña, poder conectar por teléfono móvil.
No es posible que en miles y miles de pueblos no sean posibles acciones tan cotidianas como ir a un banco, a un estanco; por no hablar de que no se tiene acceso a lo más cotidiano e imprescindible, ni a una tienda donde comprar comestibles, ya ni hablamos de comprar productos frescos como carne, pescado o frutas y verduras…
No es posible que en el medio rural estén abandonados el transporte público y la medicina. No pasan autobuses, se cierran apeaderos de tren… Y los centros de salud rurales se están convirtiendo en ruinas.
Y así, con este panorama, ¿quién va a querer ir a vivir a los pueblos de este país?
Así es imposible que no se llenen nuestros pueblos de gente joven y valiente que avergüence a los políticos de las diputaciones, sean del color que sean. Son las diputaciones las que debieran mirar por sus pueblos y dotar de recursos a los ayuntamientos para contratar mano de obra que limpie los montes, porque se dice siempre pero los incendios se apagan en invierno.
Así que hoy, un día triste para muchos vecinos de pueblos de Las Hurdes y de Ávila, solo puedo decir que espero que las tierras quemadas NO sean recalificadas y que tampoco sean usadas para ningún fin que no sea su reforestación, nada de parques eólicos ni de inmensos huertos solares. Y que las empresas que compren los restos calcinados paguen un precio JUSTO y no una cantidad de saldo.
Y por cierto, si viajáis en autocaravana o camper y vais a estar en zonas de bosque, alejadas de poblaciones, dejar dicho donde vais a estacionar, que algún vecino, en caso de incendio, pueda avisar que en determinado lugar hay gente. Rubén y yo lo hacemos desde siempre.
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